Nuevos y reveladores detalles han salido a la luz sobre el asesinato del empresario y promotor de eventos Bruno Salvatierra Prentice (34), ocurrido el pasado martes 3 de junio en la urbanización Monserrate, en Trujillo.
Cristhian Linares Delgado (20), quien permanece detenido por el crimen, confesó ante la Policía Nacional del Perú (PNP) que cobró S/ 4 000 por cometer el homicidio, y que el conductor de la motocicleta que lo ayudó a escapar recibió S/ 1,000.
Durante su interrogatorio, Linares relató con frialdad cómo se ejecutó el plan criminal: “Yo tengo un familiar en la cárcel. Él me contacta y me dijo: ‘te voy a dar las monedas’… y por plata, lo hice”, declaró ante los agentes de la División de Investigación Criminal (Divincri).
ORDENADO DESDE PRISIÓN
El testimonio del presunto sicario indica que la orden para asesinar a Salvatierra provino desde el interior de un penal, lo que confirmaría una vez más la capacidad operativa de las bandas criminales para coordinar asesinatos desde cárceles del país. Linares detalló que recibió las indicaciones exactas de cuándo y dónde debía estar, así como la hora en la que la víctima llegaría a su domicilio.
“A mí me dijeron: anda, y a tal hora sale. (Llegué) y ahí estaba”, agregó el joven, quien también aseguró desconocer el destino del arma homicida: “El ‘fierro’ (pistola) no sé si lo habrán escondido o botado”.
La investigación policial ha sido reforzada con videos de cámaras de seguridad de la zona, donde se observa al asesino y su cómplice salir de un parque cercano. En las imágenes se ve cómo Linares se aproxima a la cuadra 4 de la calle Andorra, donde Salvatierra acababa de llegar a bordo de su camioneta. En cuestión de segundos, el asesino se abalanza sobre la víctima y le dispara seis veces frente a la puerta de su vivienda.
Según información de la PNP, Cristhian Linares Delgado sería integrante de la organización criminal “Los tentáculos de El Porvenir”, banda dedicada a la extorsión, sicariato y tráfico de armas en diversos distritos de Trujillo. La conexión entre el asesinato de Salvatierra y esta agrupación criminal está en proceso de verificación, pero las evidencias apuntan a que la ejecución fue parte de un encargo premeditado vinculado a disputas en el rubro de eventos y espectáculos nocturnos.
El crimen ha generado profunda preocupación en el sector empresarial y nocturno de la ciudad, donde varios empresarios han empezado a denunciar amenazas similares provenientes de números con códigos extranjeros o de internos en penales.
El asesinato de Bruno Salvatierra no solo refleja la crueldad con la que operan las mafias, sino también la impunidad con la que se planifican crímenes desde cárceles. A pesar de la presencia del INPE y la supuesta inhabilitación de comunicaciones, los penales continúan siendo centros de comando para el sicariato en el norte del país.

