En los años más oscuros del narcotráfico colombiano, cuando Pablo Escobar aún reinaba con sangre y fuego, un grupo paramilitar clandestino comenzó a dejar cuerpos y mensajes en las calles de Medellín. Se hacían llamar Los Pepes: Perseguidos por Pablo Escobar. Su objetivo era claro y brutal: destruir al capo y a todo su entorno, aplicando métodos que combinaban la violencia extrema, el espionaje y el terror público.
Entre 1993 y 1994, Los Pepes se atribuyeron decenas de asesinatos, desapariciones y atentados contra familiares, socios, abogados y testaferros del líder del Cartel de Medellín. No solo ejecutaban a las personas, sino que dejaban mensajes, pancartas y comunicados para que la ciudad supiera que la guerra contra Escobar era total. Las investigaciones posteriores revelaron que su estructura estaba vinculada a rivales narcotraficantes, paramilitares de extrema derecha y, según algunos testimonios, sectores de las fuerzas del orden que buscaban debilitar al capo.

El modus operandi de Los Pepes incluía “golpes de castigo” con armas de largo alcance, secuestros exprés, atentados con explosivos en propiedades de sus objetivos y la difusión masiva de panfletos para infundir miedo. Su guerra psicológica era tan feroz como sus ataques armados: buscaban aislar a Escobar, cortarle sus redes de apoyo y demostrar que nadie que lo protegiera estaría a salvo.
La sombra de Los Pepes en Trujillo
Tres décadas después, el nombre volvió a cobrar vida… pero no en Colombia, sino en las calles de Trujillo, La Libertad, Perú. Jhonsson Cruz Torres, alias “Jhonsson Pulpo”, decidió apartarse de la organización criminal de su padre, Jhon Cruz Arce, alias “Jhon Pulpo” —cabecilla histórico de la banda Los Pulpos—, para formar su propio imperio del crimen. Inspirado en el cartel colombiano, bautizó a su nuevo grupo como Los Pepes, adoptando el nombre como una declaración de rebeldía y de aspiraciones: reinar en todo el norte del país.

La estructura de Los Pepes de Trujillo tiene como co-líder a Andy Yofran Quispe Cruz, alias “Violador”, primo de Jhonsson y sobrino de Jhon Pulpo. La banda replica prácticas de intimidación y control similares a las de su referente colombiano: extorsión a empresarios y transportistas, uso de explosivos como advertencia, secuestros y atentados selectivos.
Métodos heredados y adaptados
Uno de los casos más recientes ocurrió el 1 de agosto de 2025, cuando el gerente de la empresa de transportes Salaverry Express recibió un arreglo fúnebre acompañado de una carta amenazante en la puerta de su casa. La advertencia: pagar un cupo extorsivo o enfrentar represalias. Los delincuentes grabaron la entrega y difundieron el video por WhatsApp, asegurándose de que el miedo se multiplicara.
En otro episodio, vinculado directamente a Los Pepes de El Porvenir, una explosión con dinamita en la cuadra 8 de la avenida Perú, en Trujillo, destruyó una vivienda y dañó otras 20. El objetivo era Sergio Joel Bolaños Sarmiento, exintegrante de Los Pulpos acusado de colaborar con la Policía y la Fiscalía. Los atacantes exigieron un millón de soles a cambio de su vida.
El uso de Emulnor 3000, un tipo de dinamita industrial, ha sido recurrente. Durante allanamientos, la Policía halló cartuchos listos para ser detonados, evidenciando que la violencia de Los Pepes no se limita a las armas de fuego, sino que busca generar destrucción masiva.
Crimen organizado con ADN de exportación
Los Pepes trujillanos también han sido vinculados al secuestro del minero “Chapana” y del empresario Iván Garrido, así como a intentos de homicidio, robos de vehículos y mutilaciones. La banda mantiene un patrón de violencia estratégica para dominar territorios y someter a víctimas potenciales.
El paralelismo con el cartel colombiano no es solo en el nombre. Es una adaptación del manual de guerra criminal: mensajes públicos, actos de terror, control del territorio y ataques quirúrgicos contra quienes se interponen. La diferencia es que, en Trujillo, Los Pepes no luchan contra un capo único; buscan expandirse en un escenario donde la minería ilegal, el narcotráfico y la extorsión alimentan una economía subterránea.

