Una investigación periodística en Chile destapó el funcionamiento interno de Los Pulpos, organización criminal de origen peruano que logró extender su red de extorsión y sicariato más allá de las fronteras nacionales. A través de audios de WhatsApp enviados desde el interior de un penal chileno, uno de sus líderes impartía instrucciones paso a paso para ejecutar asesinatos, evidenciando que la cárcel no fue un obstáculo para mantener el control del terror en las calles.
La revelación fue realizada por Reportajes T13, que accedió a chats, audios y registros audiovisuales que muestran con crudeza la frialdad con la que se planificaban homicidios, extorsiones y ataques incendiarios en Santiago.

Órdenes de muerte desde una celda
Según la investigación, Jhonatan Cruz, identificado como líder de Los Pulpos, dirigía una red criminal dedicada al sicariato y la extorsión, articulada con precisión milimétrica. En uno de los audios, el cabecilla dicta lo que parece un verdadero manual de ejecución:
“Que descienda con el tubo (pistola)… sin seguro, sin nada… que mire a otro lado y po po po, chocolatea (mata)”.
La orden no quedó en palabras. Cámaras de seguridad registraron cómo el sicario cumplió el encargo al pie de la letra: un disparo directo a la cabeza y tres más para asegurar la muerte. Como parte del protocolo criminal, el ejecutor debía enviar videos y fotografías al líder para confirmar la “misión cumplida”.
La Policía de Investigaciones de Chile logró establecer que estas comunicaciones salieron desde el interior de un penal, lo que evidenció un grave fallo en los controles penitenciarios.

Alianza criminal con el Tren de Aragua
La investigación judicial reveló además que Los Pulpos forjaron alianzas estratégicas con células del Tren de Aragua, lo que les permitió ampliar su dominio territorial en el casco histórico de Santiago. Esta asociación fortaleció un negocio ilícito altamente rentable: la toma de cités y viviendas completas para subarrendar habitaciones de manera ilegal, generando ingresos cercanos a 24 millones de pesos chilenos mensuales.
Uno de los puntos neurálgicos de la banda fue la llamada “Fortaleza Narco”, un inmueble ubicado a pocas cuadras del Palacio de La Moneda. Allí, hombres armados custodiaban día y noche la venta de drogas y el control de subarriendos. El recinto operaba como un bastión criminal en pleno centro político de Chile.
Extorsión, balas y fuego como mensaje
El terror era parte central del negocio. Las productoras de eventos de música peruana servían como fachada para extorsionar a discotecas y locales nocturnos. Cuando un comerciante se negaba a pagar, la respuesta era inmediata y brutal: balaceras, quema de vehículos y ataques con bidones de bencina, incluso a plena luz del día.
Cada atentado debía ser grabado y enviado al líder encarcelado, quien validaba la efectividad del ataque. La visibilidad del crimen no era casual: buscaba enviar un mensaje inequívoco de dominio absoluto sobre la calle.

El caso “Jara” y el horror sin límites
Uno de los crímenes más atroces que permitió desenmascarar la estructura fue el asesinato de un sujeto conocido como “Jara”. Tras recibir varios disparos, la víctima fue envuelta en sábanas, introducida en el maletero de un automóvil y quemada viva. Este homicidio se convirtió en un punto de quiebre para la investigación de la Brigada contra el Crimen Organizado de la PDI.
Las diligencias permitieron identificar a Frank Toledo como uno de los cerebros operativos del terror. Aunque ya cumplía condena por robo con violencia, Toledo dirigía a casi treinta colaboradores en libertad, quienes actuaban como sus “ojos” y “voz” en la calle. Desde su celda, redactaba amenazas, audios extorsivos —los llamados “testamentos”— y órdenes de ejecución.

“Haga un WhatsApp y métale un testamento… te vamos a volar la cabeza… ‘pa, pa, trum, trum’”, se escucha en una de las grabaciones.
50 detenidos, pero la pregunta persiste
Hasta enero de 2026, las autoridades chilenas han logrado detener a cerca de 50 integrantes de Los Pulpos, incluidos 34 en el operativo más reciente. Sin embargo, la investigación deja una pregunta inquietante: ¿qué tan efectiva es la cárcel cuando los cabecillas mantienen intacta su capacidad de mando?
Para los investigadores, la banda utilizó la violencia extrema como herramienta de control económico y social. La ejecución de un ciudadano venezolano el 25 de mayo, ante al menos diez testigos, buscó reforzar ese mensaje de terror.
Hoy, con menos “soldados” en las calles, las autoridades esperan que el golpe policial haya decapitado finalmente la estructura. No obstante, el caso evidencia una amenaza transnacional que exige respuestas más allá de las fronteras y del encierro físico.

