La noche cayó sobre Huanchaco sin advertir que, entre sus calles, se fraguaba un operativo que marcaría un nuevo golpe contra el crimen organizado en La Libertad. La Policía Nacional del Perú, en coordinación con equipos de inteligencia, irrumpió en un local de la avenida La Marina 148 para desmantelar a la temida banda «Los Chukis 3.5», un grupo delictivo cuya sombra se extendía sobre empresarios y comerciantes víctimas de la extorsión.
No fue un arresto casual ni una patrulla de rutina. La captura de estos siete individuos fue el resultado de un meticuloso trabajo de inteligencia que, a través de una fuente anónima, logró ubicar el punto de reunión de la organización criminal. Allí, en lo que parecía una noche cualquiera, los delincuentes se encontraban planificando sus próximos golpes, con armas en mano y dinamita lista para ser utilizada en atentados.
Cuando los agentes rodearon el inmueble, las calles de Huanchaco se convirtieron en un escenario de tensión. La primera señal de que se avecinaba algo grande fue la repentina huida de un vehículo negro. A bordo iban Marco Antonio Acaro Isuiza, Aldo Dilmer Varaza Valeriano y Rusbel Nicolás Araujo Abanto, quienes intentaron escapar al notar la presencia policial. Sin embargo, la rápida intervención de los efectivos logró bloquearles el paso y reducirlos antes de que pudieran reaccionar.
El primer hallazgo crucial del operativo no tardó en aparecer. Entre las pertenencias de los detenidos se encontraron videos grabados con sus propios celulares en los que se les veía manipulando armas de fuego. Estas imágenes confirmaban lo que las autoridades ya sospechaban: «Los Chukis 3.5» no solo eran una banda de extorsionadores comunes, sino que operaban con un nivel de violencia alarmante.
Dentro del local intervenido, la escena era aún más escalofriante. Roberto Anderson Yngq Mendoza, señalado como cabecilla de la banda, fue capturado junto a Julio César Paredes Calderón, Jeniffer Asly Sánchez Ávalos y Luis Nandito Torres Sánchez. Los agentes los encontraron rodeados de dinamita y armas listas para su próximo golpe.
Las evidencias hablaban por sí solas. Un arma de fuego sin número de serie, una de las más valiosas herramientas de los sicarios por su imposibilidad de rastreo. Diez cartuchos de dinamita, el material favorito de los extorsionadores para sembrar miedo en las puertas de empresarios que se negaban a pagar el “cupo”. Un vehículo de placa CED-572, posiblemente utilizado para desplazarse en sus operaciones delictivas. Seis teléfonos celulares, ahora en manos de los peritos, que podrían contener información clave sobre más delitos aún no revelados.
El hallazgo de dinamita no fue una sorpresa para los investigadores. En los últimos meses, varios negocios en Trujillo y sus alrededores habían sido atacados con explosivos. Un restaurante que decidió ignorar una amenaza terminó con su fachada destrozada; una tienda de electrodomésticos se convirtió en escombros tras negarse a pagar el chantaje. El modus operandi era claro: exigir grandes sumas de dinero bajo la amenaza de volar los negocios o incluso atacar directamente a los propietarios.
La captura de “Los Chukis 3.5” pone en evidencia la creciente crisis de seguridad que enfrenta La Libertad. Las extorsiones, sicariato y tráfico de armas se han convertido en una pesadilla diaria para empresarios, comerciantes y ciudadanos de a pie. Este operativo representa un golpe importante contra una de las organizaciones criminales más peligrosas de la región, pero la batalla aún está lejos de terminar.

