Cuando en las protestas se grita a viva voz: “¡El pueblo uniformado también es explotado!”, razón no les falta. Los policías viven su calvario aparte, y no de ahora, sino de mucho antes a consecuencia del maltrato que le dan sus superiores y de la indiferencia de algunas autoridades frente a la situación en la que se encuentran muchas veces expuestos.

Hace pocos días, a través de Causa Justa, dimos a conocer las denuncias anónimas que presentaron unos policías que actualmente, bajo la orden de “carácter reservado” de su comando policial, encabezado por el general Augusto Ríos Tiravanti, se encontraban desde diciembre del año pasado prestando custodia al interior de una empresa agroindustrial en Virú como si se tratara de integrantes de una service, en condiciones nada favorables: mala alimentación y sin poder ver a sus familiares.

Los reclamos no son atendidos a pesar de que se advierte que varios de estos policías están delicados de salud, al sufrir de diabetes y con problemas estomacales al recibir para su consumo arroz que huele a insecticida.

Familiares de los policías se contactaron con Causa Justa e indicaron que entablaron diálogo con los congresistas liberteños para que intervengan, pero a pesar que estos ofrecieron hacerlo, hasta ahora los están esperando. A uno de los parlamentarios a los que recurrieron fue a Diego Bazán Calderón, quien por las redes sociales no se cansa de dar su respaldo a la Policía por la labor que cumple en el control del orden interno.

Pero eso no es todo. Son maltratados también al interior de su institución. Agentes señalan que, tras enterarse de la publicación de Causa Justa, un oficial los hizo formar para reprocharles y decirles que eran “unos llorones, quejosos y cobardes”. “El pueblo uniformado también es maltratado”. De eso no hay dudas.