El Instituto Nacional Penitenciario (INPE) decidió cambiar la dirección del penal El Milagro de Trujillo en uno de los momentos más críticos para el establecimiento: en menos de dos semanas, sucesivas intervenciones encontraron marihuana, cocaína, pasta básica de cocaína, un teléfono celular, antenas artesanales, objetos punzantes y conexiones eléctricas clandestinas. Paralelamente, se frustró el ingreso de una consola PlayStation, reproductores de DVD y radios portátiles.
A ello se suma la muerte del interno Jesús Benito Reyes Cárdenas, quien resultó herido con arma blanca durante una gresca ocurrida el 21 de septiembre en el pabellón 8 de máxima seguridad y posteriormente falleció en el Hospital Regional Docente de Trujillo. Sus familiares han pedido esclarecer lo sucedido.
En este escenario, el INPE cesó a Wilson de la Torre Valderrama, quien dirigía el establecimiento desde el 12 de febrero de 2026. La decisión quedó oficializada mediante la Resolución Presidencial N.° 636-2026-INPE/P y fue presentada como parte de un proceso de reestructuración de la Oficina Regional Norte.
En su reemplazo fue designado José Cabanillas Noriega, quien ya dirigió El Milagro en 2007 y 2022. La salida de De la Torre no ocurre como un relevo administrativo aislado.
El penal se encuentra declarado en emergencia por 60 días mediante el Decreto Supremo N.° 128-2026-PCM, medida que también comprende a Miguel Castro Castro y Ancón I, en Lima; Challapalca, en Tacna; y Cochamarca, en Pasco.
La emergencia busca reforzar el control de establecimientos considerados especialmente sensibles y evitar que las cárceles continúen siendo utilizadas para comunicaciones y actividades ilícitas.
En el caso de El Milagro, las intervenciones realizadas después de la declaratoria han permitido dimensionar las deficiencias de control existentes dentro del establecimiento.
No se trata únicamente de objetos de uso cotidiano no autorizados. Las autoridades encontraron sustancias ilícitas, equipos de comunicación y elementos artesanales que pueden facilitar comunicaciones o representar riesgos para la seguridad interna.
Drogas dentro del penal
Una de las primeras intervenciones de septiembre se realizó el día 17. En esa requisa, desarrollada con participación de la Policía y el INPE, se encontraron 298 ketes de marihuana y 28 bolsitas con clorhidrato de cocaína. También fueron detectadas y retiradas conexiones eléctricas clandestinas.
El Ministerio del Interior explicó entonces que estas operaciones buscaban impedir que los establecimientos penitenciarios funcionaran como plataformas desde las cuales pudieran organizarse extorsiones, amenazas y otros delitos.
El 25 de septiembre, otra intervención permitió decomisar aproximadamente 500 gramos de pasta básica de cocaína, 71 bolsitas de la misma sustancia, 307 ketes de marihuana y cinco pequeños empaques con clorhidrato de cocaína.
También fueron encontrados audífonos, baterías artesanales, pipas, relojes, objetos punzantes y un teléfono celular con una memoria micro SD. A ello se sumaron tres antenas artesanales, elementos particularmente relevantes dentro de un penal en el que uno de los objetivos declarados de las autoridades es neutralizar las comunicaciones clandestinas.
Los problemas no se limitaron a lo que ya estaba dentro de los pabellones. Durante otra intervención se frustró el ingreso de dos reproductores portátiles de DVD, acompañados de controles, cargadores y accesorios. También se detectó una consola PlayStation con tarjetas y dos mandos, además de 19 radios portátiles, cargadores y cables.

