Un espacio bien diseñado puede mejorar la forma en que las personas trabajan, circulan y desarrollan sus actividades, además de permitir un mejor aprovechamiento de los metros cuadrados disponibles. Por ello, antes de realizar una remodelación, analizar cómo se utiliza el establecimiento, qué condiciones afectan su funcionamiento y qué cambios pueden generar mejoras concretas permite tomar decisiones más eficientes desde el diseño de interiores.
Así lo explica Sandra Jara, docente de la carrera de Diseño de Interiores de la Escuela de Educación Superior Cibertec Trujillo, quien señala que una intervención debe partir de las necesidades concretas de cada establecimiento. “El diseño no debe limitarse a la apariencia del espacio. Es importante identificar cómo se desarrollan las actividades, dónde se producen dificultades y qué elementos pueden modificarse para mejorar su funcionamiento”, detalla Jara.
En ese sentido, comparte tres recomendaciones para optimizar un establecimiento a partir del diseño:
- Analizar cómo se utiliza el espacio antes de modificarlo
El primer paso es revisar si la distribución facilita las actividades o genera recorridos innecesarios. En oficinas y establecimientos comerciales, esto implica identificar zonas subutilizadas, obstáculos y cruces de circulación, así como ordenar áreas de trabajo, atención y tránsito según su función. Este análisis puede complementarse con criterios de neurodiseño, que consideran el efecto de la iluminación, los colores, las formas y el
mobiliario en la experiencia de las personas. En esa línea, el estudio IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral, de WeWork y Michael Page, señala que el 78 % de los profesionales consultados considera que los entornos de trabajo inteligentes mejoran su productividad, mientras que el 69 % valora que incorporen soluciones relacionadas con el bienestar. - Optimizar la iluminación y el confort según cada actividad
Una iluminación adecuada debe responder a la función de cada ambiente y no solo a criterios estéticos. Una zona de trabajo que requiere concentración, por ejemplo, tiene necesidades distintas a un espacio de atención al público. Por ello, es importante definir la iluminación según el uso de cada área y considerar también factores como el ruido, la
temperatura y la ventilación, que inciden en el bienestar y desempeño de las personas. La evidencia recopilada por Harvard y el World Green Building Council destaca la importancia de estas condiciones ambientales en los espacios de trabajo. - Simular antes de ejecutar
Las herramientas digitales permiten evaluar alternativas antes de intervenir físicamente un
establecimiento. Programas como Revit, DIALux y Lumion facilitan revisar la distribución,
analizar propuestas de iluminación y visualizar los ambientes en tres dimensiones. “Simular
permite comprobar si una propuesta funciona antes de invertir, desde verificar la
circulación del mobiliario hasta evaluar una solución de iluminación”, explica la
especialista.
Esta evaluación también permite priorizar las intervenciones según la necesidad del espacio. Si el problema está en la circulación, puede reorganizarse la distribución; si existe poca visibilidad, optimizarse la iluminación; y si el ruido interfiere con las actividades, evaluar soluciones acústicas.
Así, los recursos se destinan a resolver primero los aspectos que más afectan el funcionamiento del ambiente. A ello se suma la sostenibilidad: antes de adquirir nuevo mobiliario, es posible evaluar qué elementos pueden reutilizarse, restaurarse o adaptarse a nuevas funciones, así como optar por materiales de menor impacto ambiental y luminarias de bajo consumo. “El diseño de interiores también implica aprovechar responsablemente los recursos disponibles y considerar su impacto ambiental”, concluye Jara.

