“Elogio a la marinera”: el homenaje en bronce de Gerardo Chávez a la danza del alma peruana

Cuando el arte se convierte en un puente entre la tradición y la modernidad, el resultado es una obra que trasciende el tiempo, y ese es el caso de “Elogio a la marinera”, escultura en bronce del maestro trujillano Gerardo Chávez, considerada no solo un tributo a la danza nacional del Perú, sino también un manifiesto de elegancia, identidad y fuerza.

Esta pieza, creada en 2020 y fundida en bronce bajo la serie limitada 28/50, se yergue también como monumento público en la ciudad de Lima, específicamente en el cruce de la avenida Javier Prado Oeste con el parque Gonzales Prada, en el distrito de Magdalena del Mar, en Lima. Una réplica está en su casa museo.

“Elogio a la Marinera” no solo captura una escena de baile: convierte el movimiento en permanencia. La obra de 20.5 x 9 x 4 cm —en su versión escultórica— muestra una pareja entrelazada en un gesto atemporal, donde los cuerpos no solo ejecutan una coreografía, sino que revelan una emoción contenida. El pañuelo ondea como extensión del alma, mientras las miradas invisibles hablan de tradición, de conquista y de amor.

Gerardo Chávez, quien nos acaba de dejar, ofrece, una vez más, en esta obra un simbolismo. A través de las formas alargadas, los torsos estilizados y una postura casi ritual, transmite la esencia de la marinera: seducción, fuerza, ritmo e identidad.

La escultura, fundida en bronce recoge elementos estilizados, propios del lenguaje plástico de Chávez. Las líneas no buscan el hiperrealismo, sino que se convierten en signos, casi caligráficos, de la danza peruana.

La versión monumental de “Elogio a la Marinera” fue instalada en Magdalena, como parte de un programa de fomento del arte en el espacio público. El monumento no solo decora, educa, recuerda y emociona. Está estratégicamente ubicado en una intersección clave de la capital limeña, invitando a los transeúntes a detenerse, mirar y conectar con una parte esencial de la peruanidad.

No puede hablarse de esta escultura sin mencionar a Trujillo, la ciudad que vio nacer profesionalmente tanto al artista como a la danza homenajeada. Gerardo Chávez, desde su niñez, fue testigo de las celebraciones, festivales y concursos donde la marinera brillaba. No es solo un tema estético para él, sino una vivencia, un recuerdo de infancia y una expresión de pertenencia.

Al esculpir esta obra, Chávez no solo rinde homenaje a la marinera, sino que reivindica su origen, su raíz norteña, y eleva la cultura popular al rango de arte monumental.

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Causa Justa

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