En menos de dos años, la estabilidad política en La Libertad ha sufrido un golpe silencioso pero contundente: ocho de los doce alcaldes provinciales elegidos en 2022 han renunciado a los partidos o movimientos políticos que los llevaron al poder, según el registro oficial del Observatorio para la Gobernabilidad (Infogob) del Jurado Nacional de Elecciones.
De acuerdo a un informe del diario Correo, eso representa el 66.67 % del total y evidencia un fenómeno que especialistas catalogan como “transfuguismo estratégico”, que debilita la institucionalidad y perjudica el desarrollo regional.
De estos ocho burgomaestres, cinco ya han “cambiado de camiseta” y militan hoy en otras agrupaciones políticas. Entre ellos se encuentran Mario Reyna Rodríguez (Trujillo) y Javier Mendoza Torres (Virú), quienes ahora forman parte de Alianza para el Progreso (APP), la agrupación del actual gobernador regional, César Acuña. Por su parte, Elmer León Pairazamán (Pacasmayo), Víctor Luján Chero (Santiago de Chuco) y Pedro Rivera Echevarría (Bolívar) se alinearon con Podemos Perú, un partido que ha ido ganando presencia en los gobiernos locales.
Los otros tres alcaldes que renunciaron a sus agrupaciones originales, pero aún no formalizan nueva afiliación, son Julio Mantilla Aguilera (Otuzco – Fortaleza Perú), Tarsis Reyes Castillo (Julcán – Trabajo más Trabajo) y Aldo Carlos Mariños (Pataz – Trabajo más Trabajo). Estos últimos han sido mencionados como posibles nuevos rostros de agrupaciones nacionales, en un aparente reacomodo electoral de cara a los comicios municipales y regionales de 2026, detalla el informe de Correo.
¿ESTRATEGIA O INCOHERENCIA POLÍTICA?
El docente en Políticas Públicas Miguel Rodríguez Albán es contundente: “No se trata de un cambio por ideas, sino de un cambio de camiseta interesado. En el caso de los alcaldes de Trabajo más Trabajo, muchos han pasado a Podemos Perú. Los que se acercan a APP lo hacen buscando una mejor relación con el gobernador y mayor posibilidad de presupuesto para sus obras”.
Rodríguez recalca que esta volatilidad política genera un problema de fondo: “Sin identidad política, sin una línea programática coherente, la gestión se vuelve errática y oportunista. Eso afecta la representación y la gobernanza”.
Un dato que agrava esta situación es que 9 de los 12 actuales alcaldes provinciales de La Libertad (75%) ya habían pertenecido a otros partidos antes de ser elegidos en 2022, revelando un historial de migraciones políticas previas. El caso más extremo es el del alcalde de Pataz, Aldo Carlos Mariños, quien ha pasado por tres agrupaciones: Democracia Directa, el Partido Aprista y el Partido Humanista, revela el informe del periodista Jhonny Aurazo del diario Correo.
Para el analista Richard Tapia Maldonado, director del Instituto Peruano de Comunicación Política, el panorama no sorprende. “Estos transfuguismos eran previsibles. Y serán clave en las elecciones del 2026. Si volvemos a votar por estas autoridades que han demostrado cero compromiso, nos arriesgamos a seguir en este círculo vicioso”.
Tapia señala también que este fenómeno erosiona la capacidad de planificación regional: “Un alcalde que cambia de partido a mitad de gestión no tiene dirección ni norte. ¿Cómo puede plantear una política sostenida o coordinar con su concejo? Estos saltos partidarios dañan el tejido institucional”.
Además, recuerda que el 50% de estas renuncias ocurrieron en 2024, mientras el Congreso debatía la posibilidad de restituir la reelección de alcaldes y eliminar los movimientos regionales. Aunque esta reforma no prosperó, evidenció un entorno político convulso y profundamente oportunista.
¿Quiénes se mantienen firmes?
En medio de este panorama inestable, solo cuatro alcaldes provinciales siguen en el partido o movimiento con el que ganaron las elecciones:
María Cortijo Izquierdo (Ascope – APP)
Julio Correa Chávez (Chepén – Acción Popular)
Diber Pérez Rodríguez (Gran Chimú – APP)
Robert Contreras Morales (Sánchez Carrión – Fuerza Popular)
Excepto Cortijo y Pérez, los otros dos nunca han representado antes a otras agrupaciones. Ellos representan hoy una minoría que aún conserva cierta coherencia política frente al vendaval de deserciones.

