En Trujillo, la creciente sombra de la delincuencia organizada se cierne sobre la industria de la construcción, destacando una vez más la vulnerabilidad del sector frente a actos extorsivos que amenazan la seguridad y estabilidad económica de la región. El último incidente involucra a Fortunato Calixto Castillo Veriado, un empresario de 57 años, que se encontró con una amenaza directa a su proyecto y a su personal.
El escenario se desplegó el 1 de junio en una obra en construcción en el distrito de El Porvenir. Los trabajadores de Castillo llegaron esa mañana para encontrarse con un sobre de manila que contenía un artefacto explosivo y un manuscrito con demandas claras: la entrega de 15,000 soles a cambio de la seguridad de los trabajadores y sus familias. La nota también incluía un número telefónico para coordinar el pago del «cupo», término comúnmente utilizado por las bandas para referirse al pago extorsivo.
La rápida intervención de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX) aseguró que la dinamita encontrada en el lugar fuera desactivada sin incidentes, evitando una posible tragedia. Este tipo de respuesta es vital en situaciones de alto riesgo, pero también subraya la necesidad de medidas preventivas más robustas en el sector.
Este incidente es parte de una tendencia preocupante en la ciudad, donde la extorsión se ha convertido en un problema común para los empresarios, especialmente aquellos involucrados en la construcción y otros negocios que requieren inversiones significativas en infraestructura y personal. La percepción de impunidad con la que operan estas bandas criminales ha forzado a la comunidad empresarial a solicitar más acción por parte de las autoridades locales.

