La apacible plaza principal del centro poblado menor de Limoncarro, distrito de Guadalupe, en la provincia de Pacasmayo, se vio sacudida la tarde del jueves por un macabro hecho perpetrado por sicarios que jalan del gatillo con total impunidad a vista y paciencia de un Comando Policial que más piensa en la fotografía y la ceremonia, menos en tejer estrategias efectivas para luchar contra el hampa.
La serenidad del entorno se vio abruptamente interrumpida por el eco de disparos, marcando el oscuro capítulo de una tarde que quedará grabada en la memoria de los pobladores.
Cuando la Policía llegó al lugar ya todo era demasiado tarde. La presencia de dos personas heridas por proyectil de arma de fuego (PAF). El epicentro de la tragedia se encontraba en la plaza, donde José Luis Verastegui Mendoza, de 26 años, y Moisés Vargas de la Cruz, de tan solo 16, yacían heridos, su sangre dibujando una narrativa de violencia una de las bancas del parque.
Los testigos relataban que la tragedia se desató mientras las víctimas, ajenas al peligro inminente, compartían su tiempo sentados. De la penumbra emergieron dos figuras enmascaradas, armadas con el silencio de las pistolas. Sin previo aviso, los agresores dispararon a traición, impactando a Verastegui Mendoza y Vargas de la Cruz por la espalda, en la cabeza.
Los agresores, sombras fugaces, huyeron a toda velocidad a bordo de una moto lineal, disolviéndose en el crepúsculo. La plaza, que minutos antes era testigo de la vida cotidiana, se convirtió en escenario de un crimen que dejó atónitos a los presentes.
La reacción no se hizo esperar. Los heridos, fueron evacuados rápidamente al nosocomio de Tomas Lafora, en el distrito de Guadalupe, pero llegaron cadáveres.
Según la Policía, el móvil detrás de este acto de violencia se tejía en el sórdido entramado de ajustes de cuentas entre dos bandas criminales: «Plata o plomo» y «Los elegantes del valle». Dos facciones que, como sombras que danzan en la penumbra, se disputan territorios y poder en el oscuro mundo del crimen organizado.
Sin embargo, de José Luis Verastegui Mendoza, de 26 años de edad, se sabe que era integrante de un elenco infantil. Varios de sus amigos y familiares, exigen que se esclarezca este crimen ya que la víctima no tenía problemas. A decir de quienes lo conocían era un muchacho trabajador y vivía con su madre que ahora llora su temprana partida.

