A simple vista podría parecer el residuo de unas velas encendidas. Sobre una piedra arqueológica de miles de años, sin embargo, la intervención adquiere otra dimensión. Dos menhires del Templo Queneto, ubicado en el sector Quebrada San Juan, en Virú, fueron cubiertos con cera de vela en aproximadamente cuatro metros lineales, según denunció el arqueólogo Feren Castillo Luján, director del Proyecto Arqueológico Valle de Virú (PAVI). El investigador pidió la intervención del Ministerio de Cultura para evaluar técnicamente el impacto y establecer cómo retirar el material sin ocasionar daños adicionales.
El hecho habría ocurrido pocos días antes de ser descubierto. Castillo encontró además humedad, rosas y basura alrededor de los monumentos, elementos que utilizó para estimar que la intervención era reciente. Pero el atentado contra los menhires revela un problema de mayor alcance. Queneto no enfrenta una sola amenaza. En los últimos años el sitio ha estado expuesto a huaqueo, intervenciones rituales contemporáneas, expansión agrícola e intentos de ocupación de terrenos. En diciembre de 2024, el propio Ministerio de Cultura informó que tuvo que intervenir junto con la Policía Nacional para retirar a personas que habían ingresado al área intangible y realizado remoción del terreno. Durante aquella operación fue decomisada una excavadora. La cera sobre las piedras es, por tanto, el episodio más reciente de una vulnerabilidad que viene de atrás.

Cuatro metros de cera sobre los menhires
El hallazgo fue reportado públicamente el 19 de septiembre por Castillo, investigador vinculado a la Universidad Nacional de Trujillo y a la Université de Rennes, en Francia. Los afectados son dos grandes bloques pétreos verticales —menhires— que forman parte de uno de los sectores más singulares de Queneto. Castillo sostuvo que personas que realizan prácticas rituales contemporáneas habrían vertido cera sobre ambas estructuras al atribuirles supuestos poderes.
La identidad de los responsables, sin embargo, no ha sido determinada públicamente. Por ello, la atribución de la intervención a determinadas prácticas corresponde a la apreciación del investigador a partir de los elementos encontrados en el lugar y no a una identificación formal de los autores. El arqueólogo calificó inicialmente la afectación como grave y advirtió que la composición de la vela se impregna en la superficie de la roca, haciendo compleja su remoción. La magnitud definitiva deberá ser establecida por conservadores especializados.

El peligro de intentar “limpiar” una piedra arqueológica
El pedido realizado por el PAVI al Ministerio de Cultura apunta precisamente a evitar una segunda afectación. No basta con retirar manualmente la cera. La superficie de un elemento arqueológico puede conservar información sobre procesos naturales, modificaciones humanas, pigmentos, depósitos y otras características que forman parte de su valor científico. Una intervención de limpieza inadecuada puede modificarla.
Por ello, Castillo pidió que especialistas en conservación lleguen hasta Queneto para determinar el impacto y establecer el procedimiento que debería aplicarse. “Como proyecto arqueológico estamos denunciando estos hechos para que el Ministerio de Cultura actúe”, declaró a la Agencia Andina. Hasta la información pública revisada para este reportaje, no se ha localizado un pronunciamiento posterior del Ministerio de Cultura que establezca el resultado de una inspección especializada sobre estos dos menhires.

El incidente abre además una discusión sobre el significado arqueológico del lugar. Castillo cuestionó las versiones contemporáneas que presentan Queneto como escenario ancestral de supuestos rituales amorosos o sexuales. Su interpretación, sustentada en las investigaciones realizadas en el valle, apunta hacia una función vinculada con la observación astronómica.
El investigador sostiene que el Templo Queneto habría funcionado como un espacio relacionado con el culto solar y la observación de solsticios y otros eventos astronómicos. Esta hipótesis tiene antecedentes en investigaciones recientes.
En 2024, al informar sobre descubrimientos arqueológicos de aproximadamente 3.800 años en Virú, Castillo explicó que investigadores habían acudido durante diferentes solsticios a Queneto y observado cómo las sombras de los menhires se alineaban al atardecer. A partir de ello planteó que las estructuras podrían haber funcionado como una suerte de calendario astronómico.
Se trata de una interpretación arqueológica basada en observaciones e investigaciones del PAVI y debe presentarse como tal, no como una función definitivamente establecida de los monumentos. La denuncia reciente habla de estructuras de alrededor de 5.000 años y las relaciona con sociedades del Precerámico Tardío. Otras referencias oficiales y de investigación presentan cronologías diferentes para distintos sectores y ocupaciones de Queneto. PromPerú, por ejemplo, describe el complejo arqueológico como uno de los centros antiguos de la región y señala para parte de sus evidencias una datación alrededor del 1000 a. C.
Un sitio estudiado desde hace casi un siglo
El interés científico por Queneto tampoco comenzó con las investigaciones actuales. Las estructuras fueron descritas durante el siglo XX por distintos investigadores, y las referencias históricas atribuyen a Rafael Larco Hoyle investigaciones en el lugar desde la década de 1930. Las investigaciones contemporáneas han retomado esa línea con nuevas metodologías.
La Universidad Nacional de Trujillo informó que el Proyecto Arqueológico Valle de Virú, dirigido por Feren Castillo, desarrolla investigaciones destinadas a comprender la aparición de sociedades complejas en este valle. El proyecto contempla intervenciones en numerosos sitios arqueológicos y participación de tesistas y estudiantes de Arqueología.

Los trabajos recientes están mostrando que el valle de Virú conserva una secuencia arqueológica mucho más compleja que la representada por sus sitios más conocidos. Investigaciones en Huaca El Cerrito 2, por ejemplo, identificaron edificaciones superpuestas y arquitectura que los investigadores relacionan con el Precerámico Tardío, aproximadamente entre 2000 y 1500 a. C.
En Huaca Tomabal, el mismo proyecto reportó arquitectura y un mural polícromo asociados a una tradición con alrededor de 4.500 años de antigüedad. Queneto forma parte de ese paisaje arqueológico.
En 2024 entraron con una excavadora
El antecedente más serio para comprender la vulnerabilidad del lugar ocurrió en diciembre de 2024. El Ministerio de Cultura informó entonces que personal de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad, acompañado por agentes de la Policía Nacional y autoridades locales, tuvo que intervenir en la Zona Arqueológica Queneto para retirar a personas que intentaban ocupar parte del área intangible.
Cuando los especialistas llegaron comprobaron que se habían realizado trabajos de remoción de terreno dentro del polígono arqueológico. La operación se prolongó durante más de tres horas. Y hubo un detalle especialmente significativo: las autoridades decomisaron una excavadora CAT modelo 336B que se encontraba en el lugar.
El entonces director de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad, David Calderón De Los Ríos, señaló que estas intervenciones constituían afectaciones contra el Patrimonio Cultural de la Nación y anunció las acciones correspondientes. El Ministerio informó también que Queneto contaba con paneles de señalización que advertían expresamente sobre la condición cultural y arqueológica del área. El antecedente resulta relevante frente al nuevo caso porque muestra dos amenazas de escalas muy diferentes.
Una excavadora puede transformar físicamente un terreno arqueológico en cuestión de horas. La cera aplicada directamente sobre un monumento parece una intervención menor, pero puede comprometer la conservación de la superficie pétrea. Ambas tienen algo en común: constituyen intervenciones realizadas sobre evidencias arqueológicas sin autorización técnica.
Huaqueo, ocupaciones y expansión agrícola
La propia denuncia de septiembre de 2026 sitúa el ataque contra los menhires dentro de un escenario más amplio. Castillo señaló que Queneto ha sufrido intervenciones de huaqueros y personas que realizan rituales, además de presiones derivadas de la expansión agrícola y ocupación de terrenos.
Andina reportó, recogiendo la denuncia del investigador, que existen áreas intangibles que habrían sido delimitadas u ocupadas para posteriormente ofrecer terrenos a terceros.
Queneto no es un sitio desconocido para las autoridades ni para la población de Virú. La Municipalidad Provincial de Virú lo incluye dentro de sus circuitos de promoción turística. En abril de 2024, por ejemplo, las denominadas “Ruinas de Queneto” fueron incorporadas al circuito “Conociendo Virú”, organizado durante la Feria Internacional de la Ciruela.
PromPerú también lo ha incorporado en material de promoción turística de la provincia, destacando sus petroglifos, monolitos y evidencias ceremoniales. Existe, además, un sistema oficial del Ministerio de Cultura —el SIGDA— que reúne información georreferenciada sobre monumentos arqueológicos prehispánicos del país y que se encuentra en actualización permanente.
El nuevo atentado deja varias respuestas pendientes. La primera corresponde al Ministerio de Cultura: determinar mediante especialistas cuánto daño produjo realmente la cera y qué tratamiento de conservación puede aplicarse. La segunda tiene que ver con la identificación de los responsables. Hasta ahora no existe información pública que permita establecer quién colocó la cera ni si alguna persona ha sido identificada.
La tercera es preventiva. Después de una intervención con maquinaria pesada en 2024 y del nuevo episodio ocurrido en 2026, corresponde conocer qué mecanismos permanentes de vigilancia existen en Queneto y si resultan suficientes para un área arqueológica extensa y expuesta a diferentes presiones.
El caso tampoco debería reducirse a retirar la cera. Queneto conserva información sobre sociedades que ocuparon el valle de Virú miles de años antes del presente. Sus estructuras, petroglifos y espacios ceremoniales forman parte de un registro que no puede reconstruirse una vez destruido. Por ahora, los dos menhires permanecen a la espera de una evaluación especializada. Y ese diagnóstico permitirá establecer si las huellas dejadas por unas velas pueden ser eliminadas o si el episodio dejará una marca permanente sobre uno de los conjuntos arqueológicos más antiguos de La Libertad.

