Por Alfredo Alegría
“Tajo Abierto”, la impactante muestra pictórica del artista trujillano Roberth Corcuera, en tres salas de la casona de la Fundación Cultural del Banco de la Nación, es una llamada de atención para nuestros artistas. De hecho, hay obras que recuerdan abstracciones del siglo pasado: por ejemplo, encontramos ciertos rasgos del “color field painting” -tal vez Clyfford Still- o empastes expresionistas de Hans Hoffman, entre otros, de los años 60. Un cuadro se titula, irónicamente, “Dejavu”. Más, si algunas obras muestran cierta relación con esos maestros del pasado, los trabajos de Roberth Corcuera proyectan una originalidad especial y definitiva: los colores y las formas se convierten en signos, símbolos, formas humanas, espacios desoladores. Los salones neoclásicos de la casona se han llenado de sensaciones trágicas y misteriosas.
Esta muestra -presentada en parte en Burdeos en 2009 y que se ha ido enriqueciendo en el tiempo- mantiene el espíritu que Roberth siempre manifestó, desde sus inicios en Trujillo, entre 1998 y 2003. Entonces, participó en muestras como el Salón Nacional Coca Cola y “Arte, Norte e Identidad”. Siempre, orientado a forjar espacios de color y formas que dirijan al espectador a asumir una posición crítica sobre nuestra sociedad, nuestro sentido humano, el significado de existir.
El título “Tajo Abierto” ¿se refiere a la tragedia de nuestra patria herida? ¿nos dice de la confusión humana, a través de color e incluso usando elementos de material de reciclaje? ¿El hecho de que la vida se forma de una serie de situaciones rotas en el alma? En toda la muestra se enfrentan la luz y la sombra: rojos, grises, blancos, ocres, dorados…Un espectador me preguntó cómo encontrar el significado de las obras. ¿Qué decirle? Es algo por completo personal. Si decide buscar el enigma encerrado en las formas planteadas, puede encontrarlo -desde su perspectiva- por un deseo íntimo que moviliza su imaginación; así, hace suya la obra.
Cada obra de “Tajo Abierto” permite que le entreguemos una historia, un sentido de vida, un propósito crítico simbólico a cada contexto de empastes, de planos, figuras, formas que aparecen y desaparecen. Tal una especie de caos en ritmo dinámico. Incluso melódico. Colores y espacios se tornan personajes vivos, hablan de circunstancias que nos laceran. Sensación motivada por nuestra imaginación y emoción, que da sentido a la organización de las formas. El caos de manchas en estos cuadros, es una manifestación estética del caos en que vivimos. Y el hecho creativo se ha forjado a partir de la intuición. Roberth me remarcó que partía intuitivamente al comenzar a crear y descubría -al pintar- seres, almas, historias…
Para Baudrillard, una abstracción absoluta puede encadenar al artista a la pura forma, lo que resulta finalmente vacuo, aunque sea brillante. Sin embargo, señala que a pesar que el nuestro sea un tiempo de desilusión y el arte esté tan asediado por el contexto tecnologizado, en una sociedad fría, plena de imágenes sin sentido, siempre se encontrará una ilusión. Esta puede provenir si la obra artística se torna “una especie de testigo sociológico, socio histórico o político”, un “espejo de aquello en que el mundo ha devenido”.
Ese concepto se manifiesta en las obras de Roberth Corcuera. En una exquisita, temible y angustiada forma abstracta y simbólica; nos hace ver seres humanos a través de las sombras, chorros de sangre que brotan, fantasmas encerrados. ¿Están confinados en sí mismos? ¿buscan salir de una crisis existencial? El artista ironiza imágenes clásicas: bocetos de Leonardo da Vinci; rostros de esculturas griegas: en ambos casos, perdidos entre contextos absurdos. Otra ironía son guantes en forma de las manos cruzadas de Kotosh, sobre materiales de reciclaje. ¿Los planos titulados “Totems” dicen del sentido mítico de nuestra nación?
Algunos cuadros –muchos en gran formato- son sombras de color que se desvanecen o bien, han sido trabajados en empastes, formando planos diferenciados. Varios se inspiran en canciones de rock. En la tercera sala, impresiona una pared cubierta por trabajos de formato pequeño: “Muro de las Lamentaciones”. Arte de reciclaje. Muchos están relacionados con el tema de las minas, tan doloroso hoy. Roberth ha trabajado en minas de oro y cobre. Trabajos con rejillas metálicas, concreto, minerales como pirita, turquesas…Trabajos con desechos electrónicos, de computadoras, transistores: “Virus”, o de uso médico; collages con recortes de periódico, ojos recortados que indagan…Sí. Lamentaciones sobre este mundo complejo, crítico y solitario. Comprendo, entonces, una afirmación de Gilles Deleuze: “El arte es la composición del caos”.
En “Tajo Abierto”, Roberth Corcuera nos ha presentado toda una simbología del sufrimiento de nuestra sociedad y como individuos. Del confinamiento de seres dentro de una sociedad cerrada y sin alma. De nuestro desprecio hacia nuestra identidad y patrimonio. Del extraño mundo tecnológico que nos va destruyendo. Obras que, por su singularidad de color, de textura, de forma, se nos ofrecen como dolorosos poemas visuales. Confusión, soledad, angustia, expresadas con esa indefinible palabra que llamamos belleza.

