La provincia de Santiago de Chuco vive un punto de quiebre en su historia agrícola. Después de décadas de esperar acceso digno al agua, los campesinos del distrito de Quiruvilca empiezan a ver cómo una obra largamente anhelada se convierte en realidad. Se trata de la qocha Pozo Hondo, una laguna artificial construida por el Gobierno Regional de La Libertad que hoy supera ya el 70% de avance y que promete cambiar radicalmente el futuro de más de mil quinientos habitantes y productores de papa y cebada en la parte alta de la sierra liberteña.
La obra se ejecuta a través de la Gerencia Regional de Agricultura y forma parte del Proyecto Tablachaca, incluido en el Programa de Siembra y Cosecha de Agua. Este proyecto, que viene extendiéndose por toda la provincia, se ha convertido en uno de los principales motores para la recuperación y fortalecimiento de la agricultura familiar, históricamente golpeada por la escasez hídrica y la dependencia absoluta de las lluvias. La qocha Pozo Hondo, ubicada en el caserío de Inchaca, será capaz de almacenar más de 157 mil metros cúbicos de agua una vez culminada. Esta reserva permitirá que los agricultores no sigan sembrando “a la buena de Dios”, como lo han hecho durante generaciones, sino con seguridad y planificación, garantizando campañas productivas más estables y rentables.
Mientras recorren la zona de obra, los pobladores no ocultan su emoción. Félix Chuquimango Rodríguez, teniente gobernador de Inchaca, resume lo que para ellos representa este proyecto. “Es un excelente trabajo por parte de la región. Nosotros carecemos de agua y con esta qocha vamos a poder llevarla a nuestros caseríos. La vamos a aprovechar para nuestras siembras, principalmente la papa”, afirma. Su testimonio refleja lo que durante años fue una realidad dura: la lluvia llegaba, fluía, llenaba quebradas y terrenos, pero se perdía sin dejar desarrollo. Hoy, gracias a esta infraestructura, cada gota se convertirá en una posibilidad de futuro.
La transformación también se percibe en quienes conocieron décadas de abandono. Leopoldo Ferrer Guzmán, comunero de Inchaca, recuerda cómo la falta de riego marcó su vida entera como agricultor. “Habíamos sufrido durante muchísimos años, ya que no contábamos con un canal de regadío y sembrábamos expuestos a la lluvia. Ahora tenemos una qocha para nuestra agricultura. Me siento bastante agradecido”, confiesa. La emoción es comprensible: en estas zonas altoandinas, donde las heladas son un enemigo constante y la irregularidad de las lluvias castiga cada campaña, disponer de una represa puede significar la diferencia entre perder la cosecha o asegurar alimento y sustento para la familia.
El impacto del Programa de Siembra y Cosecha de Agua va mucho más allá de esta obra. En toda la provincia de Santiago de Chuco ya se ejecutan cerca de veinte qochas, diseñadas para capturar agua pluvial, almacenarla y distribuirla en épocas de escasez. Este enfoque, además de mejorar la productividad agrícola, fortalece la resiliencia de las comunidades frente al cambio climático, uno de los factores que más ha golpeado a los agricultores de altura en los últimos años.
La inspección realizada esta semana por el Gobierno Regional demuestra que el proyecto avanza sin contratiempos y que su culminación está cada vez más cerca. En Inchaca, donde el agua siempre fue motivo de preocupación, hoy se habla de futuro con esperanza. Cada metro cúbico almacenado en Pozo Hondo representa una oportunidad para que cientos de familias liberteñas mejoren su calidad de vida, consoliden su economía agrícola y recuperen una tranquilidad que por años parecía imposible.
La región continúa apostando por una política de gestión hídrica basada en infraestructura natural y tecnología al servicio del campo. Si estas obras mantienen su ritmo y se ejecutan con transparencia y continuidad, Santiago de Chuco podría convertirse en uno de los mayores referentes de agricultura sostenible en las alturas del norte peruano.

