La justicia ha dado un paso clave en uno de los casos más sensibles de violencia criminal que sacuden a Trujillo. El Cuarto Juzgado de Investigación Preparatoria de la Corte Superior de Justicia de La Libertad ordenó nueve meses de prisión preventiva contra Jhon Esnaider Nureña Rojas (19), alias “JJ”, a quien la Policía Nacional identifica como el brazo armado de la organización criminal “Los Pulpos”, una de las estructuras delictivas más violentas y persistentes de la región.
El joven será internado en el Penal El Milagro, mientras es investigado por el presunto delito de extorsión en grado de tentativa, en un caso que revela cómo operan las redes criminales que combinan explosivos, amenazas digitales y rutas internacionales de fuga para mantener el control del miedo.
Extorsión con dinamita: el método que aterroriza a los negocios
Según la investigación policial, “JJ” estaría directamente vinculado a los mensajes extorsivos enviados al propietario de la cadena de licorerías Tabaco y Ron y de la discoteca Tabaco Marino, locales que en las últimas semanas fueron atacados con aparatos explosivos. La lógica es conocida, pero no por ello menos brutal: amenazas, detonaciones como advertencia y presión constante para imponer pagos ilegales.
Este patrón se repite en Trujillo y otras ciudades del norte del país. La extorsión ya no se limita a llamadas o mensajes; hoy se materializa con explosivos, incluso a plena luz del día, para demostrar capacidad de daño y control territorial.
Un intento de fuga frustrado
La captura de Nureña Rojas expone otro componente del crimen organizado: la huida internacional. El investigado fue detenido cuando intentaba escapar a Chile, pero una alerta internacional permitió que la Policía de Investigaciones de Chile (PDI) lo intervenga apenas descendió del avión. Tras ello, se gestionó su retorno inmediato al Perú, donde quedó a disposición de las autoridades judiciales.
Este episodio confirma que las organizaciones criminales planifican salidas rápidas del país para sus operadores clave cuando sienten el cerco policial, utilizando rutas aéreas y contactos externos.
El engranaje interno de “Los Pulpos”
Para la Policía, alias “JJ” recibía órdenes directas de “Jhonsson Pulpo”, cabecilla de Los Pulpos, y era el encargado de ejecutar los ataques con explosivos contra establecimientos nocturnos. No se trata de un actor aislado, sino de una pieza operativa dentro de una estructura jerarquizada que reparte funciones: quien ordena, quien coordina y quien ejecuta.
La corta edad del investigado —19 años— vuelve a poner sobre la mesa un fenómeno preocupante: la captación de jóvenes como ejecutores de alto riesgo, expuestos a detenciones, muertes violentas o largas condenas, mientras los mandos superiores intentan mantenerse en la sombra.
Prisión preventiva: una medida clave
La decisión judicial de imponer nueve meses de prisión preventiva responde al riesgo de fuga, la gravedad del delito y la presunta pertenencia a una organización criminal. En términos legales, la medida busca asegurar la presencia del imputado durante la investigación, evitar la obstrucción de la justicia y proteger a las víctimas.
Para comerciantes y empresarios golpeados por la extorsión, el caso representa una señal: el Estado puede y debe actuar, pero la respuesta requiere continuidad, inteligencia financiera y control de las cárceles, desde donde muchas veces se coordinan estos delitos.
El caso de “JJ” no es un hecho aislado. Forma parte de una economía criminal que se alimenta del miedo, del uso de explosivos, de la debilidad del control penitenciario y de la rentabilidad de la extorsión. Trujillo enfrenta el reto de romper la cadena completa: desde quien amenaza hasta quien financia y ordena.
Mientras tanto, la prisión preventiva de uno de los brazos armados de “Los Pulpos” abre una ventana de oportunidad para profundizar las investigaciones, identificar a los mandos y desarticular la red antes de que nuevas detonaciones vuelvan a sacudir la ciudad.

