Así cayó el brazo armado de “Los Pulpos”: la cronología de los atentados con explosivos que estremecieron Trujillo

Durante semanas, Trujillo vivió bajo una secuencia de detonaciones, maletas bomba, artefactos electrónicos y cartuchos de dinamita que marcaron un punto crítico en la escalada del crimen organizado. No se trató de hechos aislados, sino de una campaña sistemática de terror atribuida al brazo armado de la organización criminal “Los Pulpos”, una de las estructuras más violentas que operan en La Libertad.

La División de Investigación Criminal – DIVINCRI Centro, bajo el comando de la Región Policial La Libertad, reconstruyó pieza por pieza esta ofensiva criminal, hasta lograr la intervención y detención de los principales ejecutores, en una operación conjunta que involucró a unidades especializadas de Lima y Trujillo.

Una cadena de atentados que encendió las alarma

La cronología revela un patrón claro: ataques coordinados, repetitivos y con logística común. El 19 de enero de 2026, explosivos fueron detonados contra la discoteca Monasterio y un ómnibus de la empresa Armonía 10. Dos días después, el 21 de enero, los atentados se trasladaron a establecimientos de licores Tabaco y Ron, donde se detonaron cargas en dos locales y un tercer ataque fue frustrado por la intervención policial, permitiendo la captura de un primer integrante de “Los Pulpos”.

El 24 de enero, la violencia alcanzó a la discoteca Luxor, y el 1 de febrero el blanco fue el local Tabaco Marino. La escalada alcanzó uno de sus puntos más críticos el 7 de febrero, cuando se intentó un atentado contra la discoteca Dali y se halló una segunda carga que terminó detonando en la urbanización Víctor Larco. Cada maletín contenía 80 cartuchos de dinamita, una cifra que evidencia la capacidad logística y el desprecio absoluto por la vida humana.

El 8 de febrero, el ataque contra el local La Hacienda del Lobo, en la calle Santa, confirmó el patrón: tres sujetos, un vehículo negro, una moto lineal y apoyo logístico coordinado.

El análisis de cámaras de videovigilancia de todos los hechos fue clave. En cada atentado se repetía la presencia de una minivan blanca, una motocicleta y un automóvil negro, lo que permitió a los investigadores establecer una línea común entre los ataques.

La investigación: inteligencia y cerco operativo

Ante la gravedad de los hechos, el 10 de febrero de 2026 se conformó un grupo operativo especial integrado por DIVINCRI Centro, DIRIN Lima, DIGIMIN La Libertad, DIVREINT, la Comisaría Nicolás Alcázar, UNEME Trujillo y DINOES. El cruce de información de inteligencia permitió identificar a los presuntos autores materiales del brazo armado de “Los Pulpos”.

Los nombres comenzaron a repetirse en los reportes: “Pato Verde”, “Gringacho”, “Cabezón”, “Chanchoman”, además de Jhon Esnaider Nureña Rojas, alias “JJ”, ya detenido previamente. Todos ellos estarían bajo las órdenes de un mando superior y planificaban nuevos atentados desde el cerro “La Huaca”, una zona estratégica de difícil acceso.

Las capturas: el quiebre del brazo armado

La primera intervención se produjo el 9 de febrero de 2026, a las 22:30 horas, en la intersección de las calles San Martín y Ricardo Palma, en El Porvenir. Allí fueron detenidos Miguel Ángel Tantaquispe Esteban (20), alias “Pato Verde”, y Paulo Ronaldinho Horna Gonzales (18), alias “Gringacho”. Ambos portaban teléfonos celulares con registros de atentados ya cometidos, coordinaciones para nuevos ataques y dos cartuchos de dinamita.

Ese mismo día, gracias a información de la DIRIN, se logró la segunda captura: el vehículo Hyundai Accent negro, placa T1P-510, usado en el atentado a “La Hacienda del Lobo”. Al volante fue intervenido Piero Estiwar Ríos Carmona (19), alias “Cabezón”, quien tenía en su poder un teléfono con conversaciones directas con números extorsivos.

La tercera acción permitió ubicar a José Miguel Rojas Yupanqui, alias “Chanchoman”, escondido en una mototaxi en el cerro La Huaca. En su poder se halló un teléfono con coordinaciones extorsivas y, durante el registro domiciliario, tres cartuchos de dinamita.

Confesiones y mando criminal

Durante los interrogatorios, los detenidos coincidieron en su participación directa en los atentados descritos. Reconocieron el uso recurrente de la minivan blanca, la motocicleta de placa 0943-GT —recuperada posteriormente en el sector El Mirador, en El Porvenir— y el automóvil negro. Todos los ataques, según sus declaraciones, fueron ordenados por el cabecilla no habido Jhonson Smith Cruz Torres, alias “Jhonson Pulpo”.

Estas manifestaciones refuerzan la tesis policial de una estructura jerárquica, donde los capturados cumplían funciones de ejecución, logística y vigilancia, bajo órdenes directas del líder de la organización.

Como resultado de la operación, la Policía incautó cinco explosivos, cuatro teléfonos celulares, un vehículo mayor, un vehículo menor y prendas de vestir que habrían sido utilizadas durante los atentados. Cada objeto constituye una pieza clave para sostener las investigaciones fiscales y judiciales en curso.

Un golpe clave, pero no definitivo

La desarticulación del brazo armado de “Los Pulpos” representa uno de los golpes más importantes contra la red de extorsión que viene sembrando terror en Trujillo. Sin embargo, las autoridades son conscientes de que el núcleo de mando aún no ha sido capturado. La identificación de “Jhonson Pulpo” como autor intelectual refuerza la necesidad de seguir la ruta del dinero, las comunicaciones y el control desde los penales, para evitar que nuevas células ocupen el lugar de las que han sido neutralizadas.

Lo ocurrido en enero y febrero de 2026 deja una lección clara: la violencia no fue espontánea, fue planificada, coordinada y ejecutada con precisión criminal. La respuesta del Estado, a través de la inteligencia policial, logró frenar una escalada que pudo tener consecuencias aún más devastadoras.

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Causa Justa

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