La declaración atribuida a Jenss Lara muestra un detalle especialmente relevante sobre la forma en que comenzó el secuestro: el empresario afirma que inicialmente creyó que quienes interceptaron la camioneta eran policías. “Para mí era la Policía”, señala en uno de los fragmentos compartidos. Lara relata que escuchó gritos mientras viajaba entre Luis y Nadia y que, al observar a los hombres que intervenían el vehículo, obedeció sus órdenes sin sospechar inicialmente que se trataba de delincuentes.
Según su versión, les respondió: “Tranquilo, yo voy a bajar”, mientras los sujetos le ordenaban que descendiera.
“En todo momento pensé que era la Policía […] ni siquiera sospeché que eran delincuentes”.
La percepción cambió cuando lo esposaron y lo introdujeron violentamente en otro vehículo. Lara relata que comenzó a forcejear al advertir que aquello no correspondía a una intervención policial. Entonces, según su declaración, comenzaron los golpes en la boca, nariz y otras partes del cuerpo.
Durante aproximadamente veinte minutos de traslado, afirma, sus captores le rompieron la ropa hasta dejarlo únicamente en bóxer. Permaneció vendado, con la boca cubierta y sin poder identificar el recorrido. Después fue bajado violentamente.
“Recuerdo que me tiraron por unas escaleras”, señala. A jalones, añade, lo condujeron hasta una pequeña habitación. Allí comenzaría la siguiente etapa del secuestro.

“Diles que paguen”
La presión sobre Lara se trasladó posteriormente hacia su familia. Su declaración señala que los secuestradores lo obligaron a grabar un video dirigido a su padre y demás familiares. El mensaje tenía un propósito concreto: conseguir el pago. Según Lara, debía pedirles que pagaran antes de las ocho de la noche porque, de lo contrario, comenzarían a mutilarlo.
Cuando el plazo estaba por vencer, sus captores le preguntaron qué mano utilizaba más. Lara preguntó por qué querían saberlo. La respuesta que atribuye a sus secuestradores fue que necesitaban decidir por dónde comenzarían a cortarle los dedos. Ante esa amenaza, Lara afirma que pidió más tiempo. Después le exigieron que eligiera. Como prácticamente no sentía la mano izquierda, aparentemente debido a la presión de las esposas, señaló el dedo pequeño de esa mano porque pensó que sentiría menos dolor.

El segundo ultimátum: “Esta vez van a ser dos dedos”
La amenaza no terminó allí. Otro fragmento de su declaración describe un nuevo plazo, esta vez hasta las doce. Según Lara, sus captores le comunicaron que si su familia no cumplía, ya no le cortarían un dedo, sino dos. Volvieron a grabarlo. Esta vez debía mostrar que todavía conservaba todos sus dedos y advertir a su familia de lo que ocurriría si no se concretaba la negociación.
El empresario recuerda que los secuestradores tuvieron dificultades para enviar el video porque no tenían señal. Incluso escuchó que uno le decía a otro que saliera para intentar conseguir conexión. Al llegar el nuevo plazo, la amenaza se hizo más concreta.
Lara afirma que comenzaron a echarle alcohol en la mano mientras le decían que iban a cortarle los dedos. Minutos después apareció otra persona. La situación cambió.
Según el empresario, este sujeto dijo que aparentemente estaban negociando y después le comunicó que su familia “lo quería mucho” y que posiblemente saldría con vida.

“Parece que vas a salir vivo”
La declaración también reconstruye las horas previas a su liberación. Lara afirma que pasó la madrugada en cautiverio y que durante ese tiempo únicamente recibió agua. Después de varias horas, sus captores comenzaron a vestirlo. Le colocaron un buzo y una polera. Entonces recibió una advertencia que, según su relato, también funcionó como la primera señal de que podría sobrevivir:
“Parece que vas a salir vivo de esta”.
Le ordenaron no gritar ni intentar ninguna acción. Después lo sacaron del pequeño cuarto. Lara recuerda que le retiraron una soga para que pudiera caminar, lo hicieron desplazarse por el piso y posteriormente subir unas escaleras. Ya fuera del ambiente donde había permanecido encerrado, fue introducido en la maletera de un vehículo.
Lo abandonaron y su familia llegó a recogerlo
La última parte de los fragmentos compartidos describe su liberación. Lara calcula que permaneció dentro del vehículo entre quince y veinte minutos. Después la unidad se detuvo. Abrieron la maletera, lo sacaron, lo empujaron y le ordenaron permanecer allí.
El empresario esperó hasta sentir que sus captores se habían marchado. Como tenía las esposas hacia adelante, comenzó a quitarse las vendas y la cinta que cubría su boca. Según su declaración, permaneció aproximadamente quince minutos en el lugar.
Después llegaron familiares a recogerlo. Este último pasaje puede resultar particularmente importante para contrastarlo con la investigación fiscal sobre cómo se produjo exactamente su liberación, quién conocía el lugar donde sería dejado y cómo sus familiares pudieron llegar hasta él. También debe cruzarse con la otra línea del expediente: la Fiscalía sostiene que hubo una exigencia económica y viene investigando el presunto pago y la ruta seguida por ese dinero.

