Niños en los socavones: minería ilegal sigue utilizando menores mientras autoridades admiten que existe una cifra oculta

En algunos casos trabajan de noche y estudian durante el día. Algunos seleccionan restos de mineral entre desmontes y relaves. Otros ingresan directamente a los socavones. Autoridades de Puno incluso han recogido información de menores que saben manipular dinamita. Más de dos décadas después de las primeras intervenciones internacionales contra el trabajo infantil en las minas de La Rinconada, la presencia de niños y adolescentes alrededor de actividades mineras continúa siendo una realidad difícil de dimensionar.

La propia Dirección Regional de Trabajo y Promoción del Empleo de Puno reconoce un problema adicional: no se sabe cuántos son. Carmen Choquehuanca, titular de esa dependencia, ha advertido de la existencia de una “cifra oscura” de menores que trabajan o podrían estar trabajando dentro de socavones. El problema tampoco estaría limitado a Puno.

Intervenciones realizadas durante 2026 encontraron adolescentes en operaciones contra la minería ilegal en Cusco y Piura, mientras que en Cajamarca ya se había alertado sobre escolares que abandonaban o postergaban sus estudios para trabajar en actividades mineras. Detrás de la extracción ilegal de minerales aparece así otra dimensión de la economía clandestina: niños y adolescentes expuestos a jornadas extenuantes, sustancias peligrosas, explosivos, accidentes, abandono escolar y, en determinadas zonas, redes de trata y explotación sexual.

Braulio tenía 14 años y trituraba piedras

La historia no comenzó ahora. Entre 2000 y 2004, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), mediante su Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), desarrolló acciones dirigidas a menores vinculados a actividades mineras.

Uno de ellos era Braulio. Tenía 14 años y trabajaba como quimbalatero en una mina informal de La Rinconada, Puno. Su trabajo consistía en triturar piedras para procesar el mineral. Su testimonio retrató las condiciones a las que estaban expuestos los menores.

Braulio relató que una jornada se encontraba exhausto, cayó varias veces y finalmente volcó la carretilla en la que trasladaba mineral. Según su testimonio recogido por el programa de la OIT, el responsable del trabajo lo golpeó por haber perdido la carga. Durante aquellos años, el proyecto atendió a más de 2.500 niños vinculados a este contexto.

Han transcurrido más de veinte años. Y los menores siguen apareciendo en las minas. El Consejo Regional para la Erradicación del Trabajo Infantil ha identificado a La Rinconada y Sandia, en Puno, entre las zonas mineras con mayor exposición al trabajo infantil, según declaraciones de Choquehuanca difundidas recientemente.

Las modalidades varían. Hay menores que acompañan a sus madres y realizan pallaqueo, nombre que recibe la búsqueda y selección manual de restos de mineral aprovechable entre desmontes y residuos mineros. Pero existen situaciones todavía más peligrosas. “Eso es lo que nosotros hemos encontrado”, señaló Choquehuanca al confirmar la presencia de menores que ingresan a socavones.

Fiscalía, Policía y Sunafil han realizado intervenciones en lugares como Sandia, San Juan del Oro y La Rinconada, donde se identificaron menores relacionados con actividades de pallaqueo. Sin embargo, determinar la verdadera magnitud del fenómeno continúa siendo difícil.

La “cifra oscura” de la minería

No existe actualmente una estadística que permita establecer cuántos niños y adolescentes trabajan específicamente en actividades mineras ilegales o informales en Puno. Esa ausencia de información constituye uno de los principales problemas para dimensionar la explotación. Choquehuanca reconoce que existe una “cifra oscura” de menores que trabajan o trabajarían dentro de los socavones.

La Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) 2024, según la información recogida en el reportaje que sirve de base a esta publicación, situó en 30,6 % la proporción de menores de Puno que realizan actividades laborales y contribuyen económicamente a sus hogares, una cifra estimada en alrededor de 100 mil menores. Pero existe una precisión indispensable: no significa que 100 mil niños trabajen en minería. El universo incluye menores dedicados a agricultura, comercio, transporte y otras actividades. No existe una desagregación que permita conocer cuántos están específicamente relacionados con las minas.

Trabajan de noche y estudian de día

Los testimonios recogidos por las autoridades describen una rutina especialmente dura. Algunos menores trabajan junto a hermanos más pequeños. Otros han aprendido a manipular dinamita dentro de los socavones. Hay quienes realizan estas actividades durante la noche y posteriormente acuden a estudiar. Para ellos, la escuela puede convertirse paradójicamente en el espacio donde descansan de las condiciones extremas de la mina.

“Esos niños dicen que ir al colegio es una bendición, porque el trabajo en las minas es bien cansado”, relató Choquehuanca. Pero llegar al colegio tampoco garantiza escapar de las consecuencias. Algunos menores han contado que sufren burlas cuando sus compañeros descubren que trabajan buscando minerales. “Robapiedras” o “tragadores de polvo” son algunos de los calificativos que, según los testimonios recogidos por la funcionaria, reciben estos menores. La consecuencia puede ser aislamiento, vergüenza y una progresiva ruptura de los vínculos escolares. La mina termina compitiendo con dos derechos fundamentales de cualquier niño: estudiar y jugar.

¿Quién lleva a los niños hasta las minas?

No existe una única respuesta. En algunos casos son los propios padres o familiares quienes trabajan en actividades mineras y los menores terminan incorporándose a ellas. También existen menores huérfanos o pertenecientes a familias en condiciones económicas críticas que asumen tempranamente responsabilidades propias de los adultos.

Choquehuanca señala que se han detectado niños que prácticamente han asumido el papel de proveedores del hogar después de perder a alguno de sus padres.La posibilidad de obtener mayores ingresos que en otras actividades termina convirtiendo a la minería en una alternativa para familias en situaciones de extrema vulnerabilidad.

Pero existen escenarios todavía más graves. Las autoridades también investigan casos en los que menores habrían sido captados y sometidos a trabajos contra su voluntad. Cuando existe trabajo forzoso de menores, el problema deja de ser únicamente trabajo infantil y puede ingresar en el terreno de delitos graves que deben ser investigados individualmente por el Ministerio Público.

Alrededor de las minas también opera la trata

Los riesgos no terminan dentro de los socavones. En zonas donde se desarrolla minería ilegal se generan economías paralelas: transporte, comercio, bares, hospedajes y locales nocturnos. Ese entorno puede ser aprovechado por organizaciones dedicadas a la trata de personas. Niñas y adolescentes pueden ser captadas mediante falsas ofertas laborales para trabajar en restaurantes, tiendas u otros negocios.

Una vez trasladadas hasta zonas mineras, algunas víctimas son despojadas de documentos y sometidas a explotación sexual. Se trata de una problemática diferente al trabajo infantil minero, aunque ambos fenómenos pueden coexistir alrededor de territorios dominados por economías ilegales.

Los casos recientes demuestran que el problema no está circunscrito a La Rinconada. El 8 de septiembre de 2026, una operación contra la minería ilegal realizada en el sector Choccoyo, distrito de Colquemarca, provincia cusqueña de Chumbivilcas, terminó con adultos detenidos e intervenidos y un adolescente de 16 años retenido y trasladado a la Sección Familia de la Comisaría de Velille.

Las autoridades detectaron actividades de extracción a cielo abierto cerca del río Ccasccamayo. La intervención involucró a la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental, Fiscalía de Extinción de Dominio, unidades de la Policía Nacional y la Autoridad Local del Agua Alto Apurímac-Velille. Fueron destruidos equipos y maquinaria que las autoridades relacionaron con la actividad ilegal.

La presencia del adolescente no prueba por sí misma qué función cumplía ni determina responsabilidad penal alguna. Sí constituye otro registro reciente de un menor encontrado en el escenario de una intervención contra minería ilegal.

Un episodio similar se reportó en Suyo, provincia de Ayabaca, Piura. Durante una intervención realizada en agosto, las autoridades encontraron a tres adolescentes que, de acuerdo con la información difundida sobre el operativo, se dedicaban a embolsar mineral.

Dos adultos fueron detenidos por presunta minería ilegal. Los casos de Cusco y Piura amplían geográficamente el problema y muestran que la presencia de menores alrededor de explotaciones mineras clandestinas no puede analizarse únicamente como un fenómeno histórico de Puno.

En Cajamarca la alerta apareció desde el sistema educativo. Durante 2025 se reportó que estudiantes de provincias como San Ignacio, Jaén, Cajabamba y Contumazá habían dejado de asistir regularmente a clases para trabajar en zonas de minería ilegal. Roy León Rabanal, representante de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza, expresó entonces preocupación por las condiciones en las que trabajaban estos menores y por las consecuencias para su educación. El fenómeno revela otra forma de afectación que puede resultar menos visible que un accidente dentro de un socavón: la sustitución progresiva de la escuela por el trabajo.

Veinte años después, el problema permanece

A comienzos de este siglo, organismos internacionales ya habían encontrado niños triturando piedras, trasladando mineral y trabajando alrededor de las minas de La Rinconada. Veinte años después, las autoridades continúan encontrándolos. Ahora aparecen además adolescentes en intervenciones contra minería ilegal realizadas a cientos de kilómetros de Puno.

El principal vacío sigue siendo cuantitativo. Perú cuenta con estadísticas sobre trabajo infantil, operativos contra minería ilegal y casos individuales de menores encontrados en zonas mineras, pero no existe una cifra consolidada que permita responder una pregunta elemental: ¿cuántos niños trabajan actualmente en la minería ilegal? Sin esa respuesta, una parte de la dimensión humana de esta economía permanece oculta.

Detrás del mineral extraído clandestinamente no solamente existen daños ambientales, evasión del control estatal y organizaciones dedicadas a actividades ilícitas. También existen menores cuya presencia en socavones, desmontes y campamentos demuestra que la minería ilegal tiene otra víctima que pocas veces aparece en las estadísticas: la infancia.

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Causa Justa

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