Perú exportó alrededor de 209 toneladas de oro durante 2025, frente a unas 109 toneladas registradas como producción. La diferencia vuelve a colocar en el centro del debate la trazabilidad del mineral. Dante Vera, especialista de V&C Analistas, plantea seguir el oro desde el socavón hasta la exportación y bancarizar toda la cadena.
Hay una pregunta que atraviesa uno de los principales problemas de la pequeña minería y minería artesanal en el Perú: ¿de dónde salió el oro? La respuesta puede determinar si un pequeño productor consigue ingresar el dinero de una venta al sistema financiero, si una entidad bancaria decide trabajar con él y, en una escala mucho mayor, si el Estado puede reconstruir el recorrido que siguió el mineral antes de salir del país.
El problema adquiere otra dimensión al observar las cifras nacionales. Durante 2025, Perú registró aproximadamente 109 toneladas de producción de oro, mientras las exportaciones llegaron a unas 209 toneladas. Fuentes sectoriales que utilizan información del Ministerio de Energía y Minas han advertido una brecha superior a las 100 toneladas entre ambas cifras.
La diferencia no permite concluir, por sí sola, que todo ese volumen corresponda a minería ilegal. Pero plantea una interrogante fundamental para las autoridades encargadas de controlar el sector: ¿cuál es el origen del oro que aparece en las exportaciones pero no encuentra correspondencia directa con la producción registrada?
Para Dante Vera, especialista de V&C Analistas, la respuesta pasa por cambiar el enfoque del debate sobre formalización minera y construir un sistema capaz de seguir el mineral durante toda su trayectoria comercial. También al comprador, al acopiador, al transportista, a la planta de procesamiento y, finalmente, a la empresa que lo exporta.
EL PROBLEMA NO TERMINA EN EL SOCAVÓN
Durante años, una parte importante de la discusión sobre la minería artesanal y de pequeña escala se ha concentrado en el productor. Si está formalizado. Si aparece en el Registro Integral de Formalización Minera (Reinfo). Si cuenta con permisos. Si puede demostrar dónde realiza sus actividades.
Pero existe otro problema cuando ese mineral sale de la zona de extracción e ingresa a una cadena comercial mucho más extensa. El oro cambia de manos. Puede pasar por compradores, acopiadores, plantas procesadoras, comercializadores y exportadores antes de llegar al mercado internacional.
La propuesta de Vera consiste precisamente en reconstruir ese recorrido. El especialista sostiene que uno de los principales obstáculos para que los pequeños productores puedan bancarizar sus ingresos es la dificultad para demostrar satisfactoriamente el origen lícito del mineral.
La situación genera una paradoja. El pequeño productor necesita ingresar al sistema financiero para reducir el uso de efectivo y avanzar hacia la formalidad, pero el sistema financiero necesita garantías respecto del origen del dinero antes de aceptarlo. Sin documentación suficiente, la operación representa un riesgo para las entidades financieras.
El Grupo de Diálogo, Minería y Desarrollo Sostenible (GDMDS) ha colocado precisamente la inclusión financiera y la trazabilidad entre los asuntos centrales relacionados con la formalización de la minería artesanal y de pequeña escala. Entre sus publicaciones aparecen documentos dedicados específicamente a la inclusión financiera y a la trazabilidad de minerales e insumos.
¿DE DÓNDE SALIERON LAS 100 TONELADAS?
La magnitud del problema aparece con mayor claridad cuando se comparan producción y exportaciones. El Instituto de Ingenieros de Minas del Perú informó en mayo de 2026 que la producción aurífera nacional de 2025 se situó alrededor de las 109 toneladas métricas finas, mientras que las exportaciones llegaron aproximadamente a 209 toneladas. La diferencia supera las 100 toneladas.
ComexPerú también ha advertido sobre esta brecha y señaló que las exportaciones de oro de 2025 fueron 91,7 % superiores a la producción formal declarada. Vera coloca esa diferencia en el centro de su cuestionamiento. “¿Quién ha producido esas 100 toneladas? ¿Quién las ha transportado, quién las ha comercializado, quién las ha procesado y quién las ha exportado?”, plantea.
La pregunta no equivale a afirmar que esas 100 toneladas sean necesariamente producto de minería ilegal. Existen variables comerciales, inventarios, procesamiento y otros factores que deben analizarse antes de establecer el origen exacto de la diferencia.
Pero una brecha de esa magnitud evidencia por qué resulta indispensable contar con sistemas que permitan reconstruir el recorrido físico y comercial del oro.
La primera propuesta planteada por Vera consiste en implementar un sistema nacional, digital e interoperable de trazabilidad del oro. El objetivo sería asignar información verificable al mineral desde el primer punto de la cadena. ¿Dónde fue extraído? ¿Quién lo produjo? ¿Cuánto pesaba? ¿Cuál era su concentración? ¿Quién lo compró? ¿Quién lo transportó? ¿A qué planta llegó? ¿Quién lo procesó? ¿Quién lo comercializó? ¿Quién finalmente lo exportó? El sistema no debería concentrarse únicamente en el minero. “Todos tienen que garantizar qué oro están manejando”, sostiene Vera.

