La crisis en Alianza para el Progreso (APP) ya no se oculta. Lo que antes era un malestar interno hoy se expresa públicamente: falta de liderazgo, desorden orgánico y un partido que parece no encontrar dirección en La Libertad, su principal bastión político.
Las declaraciones de Dante Chávez Abanto, uno de los fundadores de la agrupación y cercano a César Acuña, han encendido una señal de alerta dentro del partido. Su diagnóstico es directo: actualmente APP no tiene dirigentes políticos activos en la región.
Un partido sin conducción regional
El señalamiento no es menor. La Libertad ha sido históricamente el núcleo político de APP, desde donde construyó su crecimiento nacional. Sin embargo, según Chávez, hoy no existe una estructura dirigencial sólida en el territorio.
Aclaró que solo hay un responsable político para la campaña electoral: Martín Namay Valderrama. Más allá de esa figura, no hay vocerías ni conducción orgánica clara.
Esta situación ha generado que muchas declaraciones públicas de militantes se realicen a título personal, sin representar una posición institucional del partido.
Centralismo y pérdida de control
Uno de los factores que explicaría este escenario, según Chávez, es el crecimiento del partido. A medida que APP se expandió, la toma de decisiones se concentró en Lima, debilitando las estructuras regionales.
Esto ha provocado que la organización pierda cohesión en sus bases y que las regiones, incluso La Libertad, queden sin liderazgo político efectivo.
En ese contexto, el rol de César Acuña se vuelve determinante. Chávez señala que la última palabra la tiene el líder del partido, pero hasta ahora no existe un pronunciamiento claro sobre el rumbo que tomará la organización.
La derrota que lo cambió todo
El quiebre interno se produce tras la derrota en las elecciones del 12 de abril, un golpe que no solo afectó resultados electorales, sino también la estabilidad del partido.
Desde entonces, han surgido posturas enfrentadas dentro de APP. Algunos dirigentes consideran que no deberían participar en los próximos comicios regionales y municipales del 4 de octubre, mientras otros apuestan por reorganizarse y competir.
Llamado a una “depuración”
En medio de este escenario, Chávez plantea una medida que puede generar más tensiones: una depuración interna.
Sostiene que deben salir del partido aquellos militantes vinculados a cuestionamientos o actos de corrupción. Para él, la crisis también responde a la incorporación de personas que llegaron por intereses particulares.
Voces divididas dentro del partido
Las diferencias no solo están en el diagnóstico, sino también en el camino a seguir.
El vicegobernador Ever Cadenillas ha planteado que APP debería evaluar no participar en las próximas elecciones, considerando el rechazo ciudadano reflejado en las urnas.
En contraste, autoridades como el alcalde de El Porvenir, Juan Carranza, sostienen que el partido no debe retirarse de la contienda y debe mantenerse competitivo.
Por su parte, el alcalde de Trujillo, Mario Reyna, ha elevado el tono del debate al pedir directamente a César Acuña definiciones concretas. Su mensaje es claro: menos declaraciones y más acciones.
¿Qué está en juego para APP?
El escenario es complejo. APP no solo enfrenta una crisis interna, sino también un reto político inmediato: definir su participación en las elecciones del 4 de octubre.
Sin liderazgo claro, con divisiones internas y cuestionamientos públicos, el partido arriesga perder aún más espacio político en su propia región.
Preguntas que quedan abiertas
¿APP podrá reorganizarse a tiempo?
¿Habrá cambios reales en su estructura interna?
¿César Acuña asumirá un rol más activo en la conducción del partido?
Lo que ocurre en APP refleja algo más profundo que una derrota electoral. Es una crisis de liderazgo y de identidad política.
Y en política, cuando no hay dirección, el riesgo no es solo perder elecciones, sino desaparecer del escenario.

