El estruendo sacudió la noche tranquila de Valle de Dios, en Chao. Eran las 7:00 p.m. del 5 de febrero cuando una detonación rompió el silencio y sembró el pánico entre los pobladores de la avenida Las Poncianas, cerca del colegio del mismo nombre. Un artefacto explosivo había sido arrojado en una construcción en desarrollo: la plazuela «El Arándano». Aunque no se reportaron heridos, la incertidumbre y el miedo se instalaron entre los pobladores.
La Policía Nacional del Perú (PNP) llegó rápidamente al lugar tras recibir la alerta de los vecinos, quienes, angustiados, relataron el fuerte impacto de la explosión y la nube de polvo que cubrió la zona tras la detonación. En el sitio, los agentes constataron los daños materiales en la infraestructura en construcción, una plazuela cercada por palos y sacos que se elevaban aproximadamente dos metros de altura.
Uno de los primeros en ser entrevistados por las autoridades fue Darío Estrada Saldarriaga, ingeniero civil y residente de la obra. Aseguró que hasta ese momento no había recibido amenazas ni advertencias que pudieran sugerir un acto de intimidación premeditado. “Nunca hemos tenido problemas con nadie. No nos han extorsionado ni amenazado, esto nos tomó por sorpresa”, declaró a la PNP, visiblemente desconcertado.
La obra en cuestión, que busca ofrecer un espacio recreativo a la comunidad de Valle de Dios, había avanzado sin inconvenientes hasta la fatídica noche de la explosión.
Las fuerzas del orden han iniciado una investigación exhaustiva, con la recopilación de pruebas y testimonios de vecinos para determinar quiénes podrían estar detrás del atentado. Uno de los primeros pasos será el análisis de cámaras de seguridad en las calles cercanas, si es que existen, y la evaluación de los restos del artefacto explosivo para determinar su tipo y posible procedencia.

