Los 65 votos que avalaron la admisión de la moción de vacancia del presidente Martín Vizcarra, el viernes en el Pleno del Congreso, se van diluyendo con el paso de las horas.

Ayer, la temprana declaración de la ministra de Justicia, Ana Neyra, en que da luces de que se estaría orquestando un acto de sedición –que tendría como uno de sus principales artífices al presidente del Congreso, Manuel Merino de Lama–, puso en retroceso los afanes de algunos grupos políticos que, en los últimos días, impusieron sus intereses políticos y personales sobre la estabilidad del país.

Poco después del mediodía, desde la Sala Túpac Amaru de Palacio de Gobierno y sin mayores preámbulos, el jefe del gabinete denunció que “algunos sectores con claros intereses subalternos, pretenden desestabilizar el orden democrático”. Pero, además, confirmó que el titular del Legislativo, Manuel Merino, “intentó involucrar a las Fuerzas Armadas en un proceso político en el que no deben tener ninguna participación”. Esta versión fue corroborada por el ministro de Defensa, quien dio cuenta de las pretensiones del legislador acciopopulista de comprometer a fuerzas no deliberantes en un proceso político (ver recuadro).

Ante este escenario, Martos exhortó a la ciudadanía a mantener la calma y a las “fuerzas democráticas” les pidió “reflexión y responsabilidad (…) para que no se presten a los intentos de algunos actores de desestabilizar al país”.

Un par de horas después, cerca de las 4 de la tarde, en el Palacio Legislativo, Merino –en conferencia de prensa– negó estar detrás de un complot, pero confirmó haber llamado al comandante general de la Marina, almirante AP Fernando Cerdán.

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