Por Gustavo Benites Jara
Analista político y docente universitario
Keiko Fujimori perdió la última oportunidad para que el pueblo peruano le reconozca siquiera un mínimo gesto democrático: respetar y aceptar el triunfo del humilde maestro Pedro Castillo. Con su decisión de pedir la nulidad de 802 actas electorales, despreció a todo el Perú, a la clase política, a los observadores internacionales, y también a sus propios seguidores; es decir, evidenció su entraña autoritaria, tiránica, mentirosa y cruel. Tiene el hábito de la infamia: su actuar es malvado y vil, y esa es su condición natural: el escorpión es escorpión y no puede cambiar su naturaleza, esto ya nos lo enseñó el gran fabulista Esopo hace más de dos mil años.
La decisión de Keiko, la psicópata, formará parte de la historia de la infamia en nuestro país, y se suma a una larga lista de infames que han poblado los predios políticos peruanos, como, entre otros, Eudocio Rabines, el renegado traidor: Alan García, el corrupto suicida, Alberto Fujimori, el sangriento genocida; Mario Vargas Llosa, el imperdonable cómplice; Álvaro, su fantoche hijo, y una larga lista de falsos periodistas que ahora se van sumando. con el más abyecto oportunismo, al triunfo del maestro Pedro Castillo, junto a otros jefes políticos, como César Acuña, por ejemplo.
A todos los señalados les une una pandemia moral incurable: el hábito de la infamia. De esta debe protegerse, en los años por venir, a nuestra niñez, adolescencia y juventud. En todo currículo debe enseñarse esta abyecta felonía. En ninguna región se debe ocultar esta traición a las aspiraciones populares, porque es transversal en todo el territorio nacional. La degradación moral de todos aquellos debe ser conocida, reitero, por niños y jóvenes, maestros y campesinos, obreros y amas de casa.
Keiko Fujimori ha sepultado su nombre bajo la lápida del desprecio ciudadano. Ojalá los 30 años de prisión que le esperan, le sirvan para curar todos sus psicofánticos delirios, porque su presencia, fuera de la cárcel, es un verdadero peligro público en el Perú.

