El dolor, la indignación y la desconfianza hacia las autoridades marcaron el retorno de los cuerpos de tres mineros asesinados en un violento enfrentamiento ocurrido en la bocamina Papagayo, ubicada en el sector La Morena del anexo de Vijus, distrito de Pataz. El crimen se registró la noche del 31 de diciembre de 2025 y ha vuelto a encender las alarmas sobre la inseguridad y la violencia vinculada a la actividad minera en esta zona de la región La Libertad.
Las víctimas fueron identificadas como Pilar Eduardo Acosta Vera (35), Marcelino Ramos Contreras (31) y Teodulio Ramos Llaury (33), todos naturales del centro poblado San Mateo, distrito de Sartimbamba, en la provincia de Sánchez Carrión. Sus restos fueron trasladados desde Pataz hasta su tierra natal, donde actualmente son velados por familiares, amigos y vecinos en medio de escenas de profundo pesar.
Según relataron los deudos a medios locales, los mineros habrían sido emboscados y presentarían signos evidentes de violencia física, además de impactos de bala. “Ellos han sido masacrados. Tienen heridas en la espalda y el cuello. Los recogieron con sus lámparas y botas de trabajo. Eran personas humildes, no manejaban armas”, señaló un familiar, exigiendo que se esclarezca el crimen y se sancione a los responsables con todo el peso de la ley.
Uno de los hechos que más controversia ha generado es que los familiares impidieron el traslado de los cuerpos a la morgue de Trujillo para la necropsia de ley. De acuerdo con el atestado policial de la comisaría de Vijus, los deudos se opusieron al procedimiento argumentando falta de recursos económicos y demandando la entrega inmediata de los cadáveres para brindarles sepultura en su lugar de origen. Esta decisión ha generado preocupación, ya que la necropsia es una diligencia clave para determinar con precisión las causas de la muerte y reforzar la investigación fiscal.
Pese a ello, los familiares reiteraron su exigencia de justicia y pidieron que las autoridades no dejen el caso en la impunidad. El crimen se suma a una serie de hechos violentos registrados en Pataz y sus anexos, donde la disputa por el control de bocaminas y la presencia de economías ilegales continúan cobrando vidas humanas.
Mientras los cuerpos son despedidos en Sartimbamba, la población vuelve a preguntarse hasta cuándo la violencia seguirá marcando el destino de quienes buscan sustento en la minería, y si el Estado podrá recuperar el control y garantizar seguridad en una de las zonas más convulsionadas de La Libertad.

