“Los peruanos no conocen a buenos escritores a pesar que en el fútbol, algunos equipos llevan sus nombres”

Por Galo Álvarez
(Lima)

causajusta.pe@gmail.com

El cronista y periodista Eloy Jaúregui, nos comenta sus pensamientos sobre la crónica peruana, la cultura en el sentido artístico del Perú, como ha ido evolucionando la ignorancia en nuestras vidas al punto de que se ha normalizado y nos ha penetrado en lo más profundo de nuestra sociedad. Ahora es profesor de universidad, da entrevistas y dicta talleres en diversas bibliotecas el Perú, una dictada en “Casa tomada”, ubicada a la altura de Pettit Thuars, donde pude ser su alumno y observar cómo es su visión del periodismo peruano y sobre todo de la literatura.

Fuente: Cortesía

-Usted es considerado uno de los mejores cronistas del Perú, ha publicado libros de poemas, y ahora su último libro “Una pasión crónica”, que es como manual ¿Qué es lo que significa la crónica para usted?

Es la salvación del periodismo, no solamente del Perú sino también en varias latitudes. El periodismo ha llegado a un extremo de simplificar el arte de comunicar y de informar, por la economía, por la chatura y por la ignorancia por parte de cultura de los protagonistas que son los periodistas, frente a eso la competencia es hacia abajo: quien escribe peor, más lánguida o superficialmente, que aquel que interpreta, que hace periodismo de campo, que hace periodismo informativo pero de campo, que aquel llega a las fuentes, que se introduce en las entrañas de la información de la noticia y que a partir de ahí, elabora, construye un discurso con técnicas que rescata el buen escribir y de eso están los géneros literarios: el cuento, la poesía, el teatro; entonces, si uno mira el panorama nacional en los medios no hay crónicas porque se hace periodismo de datos o periodismo de “investigación”, con mucha estadística, con mucha información, pero sin lo que se llama la prosodia, el arte de escribir y seducir, que eso tenía el periodismo antes y que ahora se ha perdido porque quienes enseñan periodismo y quienes ahora ejercen el oficio, se han olvidado que existe la crónica y que para aprender a escribirla uno tiene que leer mucho, conocer nuestros antecedentes, aquellos que rescataron el arte de cruzar palabras, utilizar conceptos y de hacer un tejido combinando la narración con la noticia, porque eso tiene que tener melodía, música y te tiene que seducir, enamorar y no solamente convencer.

Fuente: Cortesía

-Claro, entonces, ¿cuáles son las cualidades que tiene que tener un cronista, un escritor?

Ser culto, eso de cajón.

-¿Cree que se han perdido estas cualidades a lo largo del tiempo? Si es así ¿Por qué?

Sí, se debe al colegio y también a la familia, sobre todo a esto último. La familia hoy es una negación del ser humano, ahora un niño es criado por empleadas, solo tiene contacto con su familia cuando salen a pasear, las madres ya no enseñan nada, no te enseñan buenas lecturas o buenas películas, ahora solo salen a los parques de diversiones. Jamás he visto a una mamá llevando a su hijo a la librería, salvo cuando compran los útiles (risas) y con el papá menos, es el más alejado de todos, llega y se pone a ver la televisión. Ahora tenemos la controversia de las cuestiones de género y eso es por falta de diálogo. No hay momento para un diálogo familiar, ven a sus padres viendo a Federico Salazar, leyendo un parte policial y no más bien dando buenas noticias y no es que no exista solo que se pone en primer lugar las noticias malas, por una cuestión de una ideología de terror, causar pánico, miedo y se multiplica la violencia, entonces cuando los niños salen van cargados de esa violencia y entonces todo es bullying, todo es burla y desobediencia y no saben nada, por más que estudies en un buen colegio, la apatía está presente. Ahora no se enseña filosofía en los colegios, no se enseña educación cívica, la historia es un recuento de historias y personajes impresionante que no están vinculados en tu vida. No puedes vincularte con Miguel Grau porque te lo ponen en una estampa ahí, pareciera que no fuera al baño, que no comiese ceviche en Paita, están tan alejados de uno que parecen harina de otro costal, que parece de otras culturas. Te digo porque ahora soy profesor de universidad y cada día me he ido decepcionando de los chicos que vienen a estudiar, y creo que te lo he repetido en alguna ocasión, desde que uno viene del colegio tienen que venir aprendiendo lo que es sujeto, verbo y predicado, ellos llegan a la universidad y no saben eso, son escasos los que llegan con cierta cultura, son ignorantes y no lo digo como insulto, sino porque no conocen, no conocen el arte, la literatura y los personajes de este país. Solo conocen a los que tienen coyuntura política o que siempre están en controversia, como Vargas Llosa. Los peruanos no conocen a buenos escritores a pesar que en el fútbol, algunos equipos llevan sus nombres. Nuestros héroes de hoy son los que salen en “Esto es guerra” y las películas que consumimos son la de los “Avengers”.

-En una ocasión usted me hablo de cómo el mundo ahora quiere consumir las cosas rápido ¿Eso podría estar afectando en el campo artístico, como las películas, la literatura?

Sí, por supuesto. Ahora las personas consumen cosas mientras hacen sus actividades, la mujer está cocinando y está viendo videos en YouTube: el hombre trabaja y se pone a revisar sus redes sociales, eso ocasiona que a la hora de conversar se hablen huevadas, disculpa la palabra. Todo esto también se ven en los congresistas y en nuestros políticos en general, sus campañas ahora tienen que ser rápidas, te financian los narcos, regalas cosas a cambio de su voto, eso normaliza la corrupción también. Ahora imagina la corrupción más la tecnología que es lo que pasa actualmente, ahora nadie forma opinión inteligente de ningún tema, nadie abstrae, no dicen si es bueno, malo o regular, no se forman argumentos y eso nos consume como país. Ahora está la generación de los “quechuchistas” y “alpinchistas”, los primeros son los que dicen: “ A mí qué chucha” y los segundo los que dicen: “Me llega al pincho”, en esa dicotomía ahora es donde nos movemos todos. Raro es ver ahora que un culto tenga dinero, no se ejerce ni se incita es por eso que ahora se pierde el estudio de la cultura. Ahora también está el concepto del peruano emprendedor, de que somos creativos, emprendedores, para tener éxito en la vida. ¡Mentira!, eso es una falsedad, nosotros somos sobrevivientes, hoy día 70 % de la economía peruana es informal, delincuencial, un Perú sin normas.

Fuente: Cortesía

-A todo esto, usted en una entrevista del 2004 dijo: “Soy un peruano que todavía cree que su país puede cambiar”, ¿Sigue manteniendo esa fe?

Sí, por eso soy profesor, por eso trato de enseñarle a mis alumnos que todavía hay una luz y que todavía hay esperanza, pero que tenemos que organizarnos de otra manera, con instituciones, con clase política clara y con géneros de derecho definidos, ahora la noticia es que las mujeres están enamoradas, la hija de la Terkes, que es esposa de Forsyth, está saliendo del clóset y con su enamorada, esa es la noticia, no es que el Perú sea una potencia en ajedrez. Noticia es que los homosexuales están casándose con sus parejas y adoptando niños. Hay una exposición de noticias que no son comunes y que llaman a la controversia y la propaganda. El trasfondo de todo esto es el escándalo. Al igual que cuando renuncia un director técnico a un equipo de fútbol, toda noticia actual es amarillista y mal hecha, porque bueno fuera que lo contaran con gracia, con algún valor, no, lo cuentan de la manera en la que ellos fueran los delincuentes.

-De acá me salen dos preguntas: ¿Qué opina usted de lo políticamente correcto en el periodismo? Y la otra, ¿cómo no llegar a la posverdad y al discurso retórico?

En primer lugar, los periodistas no somos jueces, no somos policías, no somos fiscales, no somos nada. Los periodistas somos periodistas, informamos. A alguien se le ha metido por ahí que los periodistas somos un censor, un fiscal, que puede meter preso. De las investigaciones periodísticas, se ha metido preso al expresidente Fujimori y a Montesinos, me refiero a Gorriti, Uceda, estos periodistas que sirvieron de aportantes de pruebas. El periodismo si bien es cierto, tiene estas gestiones, estas hazañas, luego a pasado a convertirse más bien en una memoria, la corrupción ha ganado a los periodistas, nosotros no podemos estar ajenos a la corrupción; conozco periodistas reconocidos que han recibido tanto dinero como han recibido los políticos corruptos, para acompañar las campañas, gente de Radio Perú, Canal 4, Canal N y de aquellos opinólogos de reflexión que hay aquí, hablan conversan hacen cosas y ellos son los más corruptos. Frente a la posverdad, todo este concepto comienza con Adán y Eva, cuando él se dejó seducir y convencer y el cojudo la comió. La posverdad es más antigua que la injusticía, el mentir. Los colonistas vinieron a mentirnos, nos hablaron de maravillas, de cojudeces que no venían al caso. La crónica histórica, no la periodística, también están llena de mentiras y el de los peruanos también. Garcilazo, exagera en retratar un mundo que no existía, porque ahí no era decir la verdad, si no convencer. La posverdad es un discurso antiético, un discurso corrupto. Uno al convertirse periodista no juramenta ante un discurso de ética, pero deberían hacerlo. Lo primero que uno aprende al ejercer el oficio es a mentir, a inflar, a explotar el escándalo, cuando eso no es importante. En este mundo de corruptelas, el periodismo no está ajeno, al contrario; con todo esto de informaciones a medias, lo que se ha hecho es creer a diversos personajes, si lo dice Hildebrandt le creo, él no siempre dice la verdad, está constantemente tildando de corrupto a los demás y para eso se basa en la historia que también está llena de corrupción. La ley también se presta para la corruptela, un periodista que se cree todo lo que dice El Comerio o que lo que dice El Peruano, tiene además el alimento y energía de lo que se producen en las redes sociales, donde todos se pelean. Contra eso el periodista tiene que ser culto, conocer para seleccionar y distinguir entre la verdad y la mentira.

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