Pataz: trabajar en un socavón ilegal puede costar la vida

En las entrañas de la sierra liberteña, bajo toneladas de roca, humedad y oscuridad, cientos de jóvenes trabajan cada día arriesgando la vida en socavones ilegales. Muchos no tienen contrato, seguro médico ni equipos de protección. Otros ni siquiera saben si volverán a salir con vida.

Mario tiene apenas 22 años y ya conoce de cerca la muerte. Desde hace tres años trabaja en una mina ilegal de socavón en la provincia de Pataz, uno de los epicentros de la minería informal e ilegal en La Libertad. Sus padres, campesinos de la zona, jamás pudieron pagarle estudios superiores. La mina fue la única salida económica que encontró.

Hace seis meses, mientras retiraba mineral en el interior de un túnel, una enorme roca cayó a pocos centímetros de su cuerpo. Se salvó por segundos. Si el golpe impactaba directamente en su cabeza, habría muerto como otros jóvenes sepultados dentro de socavones clandestinos en la sierra liberteña.

“Solo me dijeron que regrese cuando esté sano”, cuenta. El dueño de la mina no cubrió gastos médicos ni traslado.

Historias como la suya se repiten constantemente en Pataz, Parcoy, Quiruvilca y otras zonas mineras de La Libertad donde la minería ilegal avanza sin control efectivo del Estado.

Así se vive dentro de un socavón ilegal en Pataz

Trabajar dentro de un socavón ilegal significa ingresar a túneles improvisados, muchas veces sin estructuras de soporte ni condiciones mínimas de seguridad.

Los mineros laboran entre explosivos, gases tóxicos, polvo y ventilación deficiente. La mayoría pasa jornadas de entre 12 y 17 horas diarias, cinco o siete días a la semana.

En muchos casos trabajan en semioscuridad, rodeados de humedad, calor extremo o frío intenso.

Greco Quiroz, exconsejero regional de La Libertad, advierte que estas labores operan sin permisos, sin instrumentos ambientales y prácticamente sin supervisión estatal.

“Son zonas donde cualquier derrumbe puede convertirse en tragedia”, advierte.

Muertes y accidentes son frecuentes

Las tragedias dentro de minas ilegales son constantes en la sierra peruana.

Derrumbes, explosiones, intoxicaciones por gases y accidentes con maquinaria forman parte del día a día de quienes ingresan a estos socavones buscando sobrevivir económicamente.

En muchos casos, las muertes ni siquiera son registradas oficialmente. Algunas familias optan por guardar silencio por miedo o dependencia económica.

La minería ilegal se ha convertido en una actividad de alto riesgo donde el trabajador prácticamente queda desprotegido frente a cualquier accidente.

Sin contrato, CTS ni seguro médico

Además del riesgo físico, la precariedad laboral es absoluta.

Los trabajadores de minas ilegales no tienen contrato laboral, seguro social, CTS, vacaciones ni estabilidad. Tampoco reciben atención médica adecuada cuando sufren accidentes.

La situación no solo ocurre en La Libertad. Según la Defensoría del Pueblo, la minería informal e ilegal ya tiene presencia en 21 de las 25 regiones del país.

El problema se extiende tanto en zonas andinas como amazónicas y costeras.

Jornadas extremas y exposición al mercurio

El estudio “Caracterización de las condiciones de trabajo forzoso en la minería de oro en Madre de Dios”, elaborado por Teodoro Sanz para el Ministerio de Trabajo, revela cifras alarmantes sobre las condiciones laborales en minería ilegal.

La investigación señala que la jornada promedio alcanza 67 horas semanales. Un 31% trabaja los siete días de la semana y un 12% llega a laborar hasta 24 horas seguidas.

Además, el 83% de trabajadores afirma estar expuesto a riesgos constantes: derrumbes, explosiones, químicos tóxicos, quemaduras solares y contaminación con mercurio.

El 62% asegura no recibir equipos básicos de protección como cascos, guantes, botas o mascarillas.

La minería ilegal y el avance de economías criminales

Especialistas advierten que la minería ilegal dejó de ser solo un problema ambiental o laboral.

Actualmente, en regiones como La Libertad, esta actividad está vinculada a redes de extorsión, tráfico de explosivos, lavado de activos y organizaciones criminales.

El reciente crecimiento de operaciones ilegales en zonas como Quiruvilca y Pataz viene acompañado de denuncias de cobro de cupos, amenazas y presencia de bandas armadas.

La expansión de estas economías ilegales está generando nuevos focos de violencia en la sierra norte del país.

Jóvenes atrapados entre pobreza y minería ilegal

Detrás de cada socavón existe una realidad social mucho más profunda.

La falta de oportunidades educativas y laborales empuja a cientos de jóvenes a ingresar a minas ilegales donde arriesgan la vida por ingresos diarios.

Muchos abandonan estudios secundarios o técnicos para trabajar en condiciones extremas.

Mientras tanto, las autoridades continúan enfrentando enormes dificultades para controlar el avance de una actividad que mueve millones de soles y que cada año gana más presencia en distintas regiones del Perú.

La tragedia silenciosa de los socavones ilegales sigue creciendo bajo tierra.

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Causa Justa

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