En una decisiva movida que propone redefinir los parámetros de la justicia y la aplicación de la ley en el Perú, el presidente del Poder Judicial, Javier Arévalo Vela, lanzó un ambicioso proyecto de ley que extiende significativamente los plazos de detención sin orden judicial previa en casos de flagrancia.
El Proyecto de Ley 7777/2023-PJ no solo amplía el tiempo de detención inicial, sino que también introduce cambios sustanciales en el marco legal para la detención de personas involucradas en delitos graves como robo, extorsión, sicariato, secuestro y trata de personas.
La propuesta sugiere modificar el literal f del numeral 24 del artículo 2 de la Constitución Política del Perú. Según el nuevo texto, en casos de flagrante delito, la detención podría extenderse hasta 72 horas, un aumento significativo respecto al límite actual de 48 horas. Este cambio se fundamenta en la necesidad de proporcionar a las autoridades tiempo suficiente para realizar investigaciones.
El ajuste al numeral 1 y al numeral 4 del artículo 264 del Nuevo Código Procesal Penal es otro componente crítico del proyecto. Este cambio codifica la ampliación de los plazos en la legislación procesal, proporcionando un marco legal claro para la implementación de las nuevas reglas de detención.
Aunque la propuesta ha sido recibida con elogios por algunos sectores que la ven como una herramienta necesaria para combatir el crimen eficazmente, también ha surgido una ola de críticas y preocupaciones. Los críticos argumentan que la ampliación de los plazos de detención podría erosionar los derechos civiles, aumentar el potencial de abusos policiales y minar los principios de justicia rápida y efectiva. Subrayan la importancia de equilibrar las necesidades de la aplicación de la ley con los derechos fundamentales de las personas.
El debate también se ha extendido a la esfera pública y legal, donde expertos en derecho y activistas por los derechos humanos han comenzado a examinar meticulosamente las implicaciones de los cambios propuestos. Las discusiones se centran en si estas reformas podrían llevar a detenciones arbitrarias y qué mecanismos de supervisión se necesitarían para prevenir posibles excesos.
En medio de este intenso debate, el proyecto aún debe pasar por varias etapas de aprobación en el Congreso antes de convertirse en ley. Si se promulga, su implementación será seguida de cerca, tanto por aquellos que esperan que refuerce la seguridad pública como por quienes vigilan de cerca la protección de los derechos civiles en el Perú.

