A tres meses del derrumbe del techo en el patio de comidas del centro comercial Real Plaza Trujillo, que dejó seis muertos y más de 80 heridos, las investigaciones fiscales comienzan a despejar el velo sobre una cadena de errores que pudo haberse evitado.
Las declaraciones ante la Fiscalía han destapado una serie de contradicciones entre los responsables del diseño, construcción y supervisión de la infraestructura. El punto en común: los pernos utilizados no eran los que garantizaban la resistencia estructural.

La noche del 21 de febrero de 2025 quedó marcada en la memoria de Trujillo. Lo que prometía ser una jornada cualquiera de compras y cenas en familia terminó en una pesadilla. Un techo colapsado, decenas de víctimas y un sinfín de interrogantes. Hoy, la Fiscalía Provincial de Trujillo, a cargo de la fiscal Carmen Varas, intenta reconstruir el rompecabezas técnico y legal.
Julio Rivera Feijóo, ingeniero civil encargado de los planos de ampliación del centro comercial en 2015, fue el primero en levantar la voz. Aunque aseguró que no participó en la ejecución de la obra, envió un equipo tras el siniestro para analizar los materiales empleados. Lo que hallaron fue alarmante: los pernos utilizados no eran del tipo A325, como se había especificado originalmente, sino de menor calidad y resistencia.

“Los pernos de los anclajes deben ser tipo A325, con tuercas en alto relieve y numeración visible. Ninguno de los pernos hallados llevaba esa nomenclatura. Eran de menor diámetro y presentaban una oxidación alarmante”, declaró ante la Fiscalía el 4 de abril. Rivera también fue enfático: no autorizó ningún cambio a sus planos y nunca fue consultado para modificar especificaciones, según reveló el diario Perú 21.
Tras su declaración, vinieron los descargos de los involucrados. Representantes del consorcio Activa BGS SAC —integrado por Activa Perú M&O y BGS Ingenieros— deslindaron responsabilidades y señalaron a terceros.
Javier Del Río Arrieta, gerente general de Activa Perú, negó que los planos incluyeran pernos A325. Según él, los planos aprobados mencionaban pernos A36, de menor capacidad de carga. “Fue el tipo de perno especificado en el plan de calidad de Famome y aprobado por la empresa supervisora”, afirmó.
Por su parte, Javier Bazo Safra, gerente de BGS Ingenieros, coincidió en que Famome —la subcontratista encargada de la instalación del patio de comidas— fue responsable de adquirir e instalar los pernos. También aseguró que la supervisión, a cargo de Schmidt Chávez Tafur Ingenieros (SCHT), no detectó ninguna anomalía. «Todo se construyó en los plazos establecidos, sin observaciones», declaró.
La figura de SCHT se desdibuja rápidamente en las declaraciones fiscales. Jorge Chávez Tafur Gómez de la Torre, firmante del contrato de supervisión en 2015, confesó que nunca hizo seguimiento a la obra. “No estuve asignado a la misma. No conozco nada sobre la ejecución ni si se consultaron los planos de Rivera”, sostuvo.
En tanto, su sucesor, Gabriel Chávez Tafur, reconoció que hubo “modificaciones menores” al proyecto, pero insistió en que estas fueron consultadas con los proyectistas. No precisó quiénes ni cómo aprobaron los cambios.
La empresa subcontratada para el montaje del patio de comidas, Famome, ha evitado pronunciarse. No respondió a los intentos de contacto del diario, su página web ha sido dada de baja y no hay rastros activos de sus canales oficiales.
Para el arquitecto Gerardo Berdejo, la explicación es clara: hubo una falla técnica grave. “Los pernos colocados no eran solo de una calidad inferior, sino de menor diámetro. Eso debilita drásticamente la estructura”, explicó. Berdejo también descarta que se tratara de un tema económico. “La diferencia de precio entre ambos tipos de pernos es mínima. Esto fue una negligencia técnica, no un ahorro presupuestal”, advirtió.
A su juicio, el techo debió durar toda la vida útil del edificio. “Hubo malas prácticas. Alguien no hizo su trabajo”, sentenció.
Desde el centro comercial, el mensaje ha sido uno de indignación y reclamo. En un comunicado, Real Plaza expresó su confianza en la justicia, pero también advirtió que tomará acciones legales contra las empresas responsables.
“Confiamos en empresas de prestigio para esta obra. Estas debieron emplear equipos profesionales calificados, priorizando calidad y seguridad. Esperamos una investigación rápida y justa”, señalaron voceros de la empresa.
Mientras tanto, los familiares de las víctimas continúan en duelo y exigen justicia. La tragedia del Real Plaza no solo dejó cicatrices físicas, sino también profundas heridas sociales. La ciudad de Trujillo espera una sola cosa: que esta vez, la verdad no caiga al vacío como lo hizo aquel techo mal construido.

