La requisa al penal El Milagro dejó al descubierto una estructura criminal instalada dentro del establecimiento penitenciario. Entre los objetos incautados destacan 20 libretas con más de mil números telefónicos, celulares y tomacorrientes clandestinos usados para coordinar extorsiones.
La revelación golpeó directamente al corazón de la lucha contra la extorsión en La Libertad. Durante una requisa ejecutada esta semana por el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) en el penal El Milagro, personal especializado halló una enorme cantidad de objetos prohibidos que evidencian la continuidad delictiva dentro del establecimiento. El hallazgo fue observado incluso por el presidente de la República, José Jerí Oré, quien llegó a Trujillo el miércoles y expresó su preocupación por la magnitud de lo encontrado.
Pero lo más grave lo detalló un día después el gerente regional de Defensa Nacional de La Libertad, coronel PNP (r) Edwin Dávila Paredes. Entre los elementos incautados se encontraron 20 libretas y cuadernos con más de mil números telefónicos, presuntamente de personas extorsionadas o potenciales víctimas. Las anotaciones, hechas a mano por los propios internos, serían piezas clave en la estructura operativa de las bandas que controlan las llamadas extorsivas en la región.

Celulares, conexiones clandestinas y una red criminal operando desde dentro
A las libretas se suman cuatro celulares hallados en las celdas, dispositivos que —según las autoridades— eran usados diariamente para realizar llamadas extorsivas, coordinar cobros y amenazar a comerciantes y transportistas.
Además, personal del INPE detectó seis tomacorrientes clandestinos, instalados para cargar teléfonos sin pasar por los controles eléctricos del penal. “Estos señores, como no tienen nada que hacer todo el día, conectaban su celular y llamaban a diestra y siniestra para perpetrar las extorsiones”, denunció el coronel Dávila.
El material incautado fue lacrado y entregado a la División de Investigación Criminal (Divincri) de Trujillo, donde será sometido a análisis forense. Los investigadores deberán rastrear la información digital, identificar patrones de llamadas, contactos asociados y verificar la procedencia de cada número anotado en las libretas.
Extorsión en La Libertad: un delito que no se detiene
La Libertad lidera desde hace años las estadísticas de extorsión en el país. Según el Ministerio del Interior, la región concentra más del 30 % de las denuncias por extorsión a nivel nacional, con epicentro en Trujillo, El Porvenir, Florencia de Mora y La Esperanza. Bandas como Los Pulpos, La Jauría, Los 80 y organizaciones vinculadas a la minería ilegal de Pataz han extendido sus operaciones desde la calle hasta los penales.
El penal El Milagro, que alberga a más de 6 mil internos, ha sido señalado repetidamente como uno de los principales centros de origen de llamadas extorsivas. Las evidencias incautadas confirman que, pese a las requisas y operativos, las organizaciones criminales siguen encontrando formas de comunicarse con el exterior.
“Apagón carcelario”: la nueva estrategia del Gobierno
Ante el creciente uso de celulares dentro de los penales, el Ejecutivo dispuso el llamado “apagón carcelario”, una medida que busca cortar o restringir el suministro eléctrico dentro de los establecimientos penitenciarios para impedir la carga de celulares y equipos clandestinos.
Esta estrategia, sin embargo, enfrenta críticas: especialistas advierten que podría afectar servicios esenciales dentro del penal, mientras que otros sectores consideran que las restricciones deben ir acompañadas de un sistema de bloqueo de señal celular (jamming) moderno y permanente.
Una estructura criminal más grande de lo que se pensaba
El hallazgo de las libretas no solo revela que desde El Milagro se coordinan llamadas extorsivas, sino que existe una base de datos criminal artesanal pero sistemática, donde cada número podría corresponder a un comerciante, transportista, emprendedor o ciudadano previamente presionado.
Las libretas serán ahora clave para reconstruir las rutas del dinero, identificar a los operadores dentro y fuera del penal, y determinar si las amenazas se articulaban con redes criminales externas.
Mientras tanto, los habitantes de Trujillo continúan en alerta: la extorsión sigue siendo una de las principales causas de terror urbano y, con hallazgos como este, queda claro que el problema no solo está en las calles, sino también tras los barrotes.

