Cuando el virus saca lo peor de nosotros

Por Silvia Zamora

causajusta.pe@gmail.com

Es increíble ver cómo nuestras trujillanísimas calles se han convertido, hoy por hoy, en una suerte de lugar inhóspito en donde se puede evidenciar, claramente  que, en medio de toda la coyuntura actual, la cual ha impactado y sigue impactando de tal forma en la psiquis colectiva, gran porcentaje de las personas tienen que salir (en la mayoría de los casos no tanto por capricho sino más bien por un sentido del deber) y enfrentarse a este terrible enemigo invisible, el cual, viene azolándonos de manera global hace ya más de medio año.
Sin lugar a duda, se ha propuesto a quedarse de manera indefinida y no solo eso, sino que, de un momento a otro y sin previo aviso, simplemente llegó a habitar entre nosotros. Se dijo que vino desde muy lejos, sin visa ni pasaporte, que provino directamente desde, aquella nación, esa misma a la que todos llamamos “El Gigante Asiático”.

Es un enemigo sin precedentes en nuestra historia pero que, del cual, definitivamente, nos ha de quedar una gran lección de vida y nos hará personas mucho más pensantes y conscientes de todo lo que tenemos a nuestro alrededor, y esa tendrá que ser una consigna para que el precio de tantas vidas inocentes no haya sido en vano.
Esta pandemia nos está obligando a empezar de nuevo, a ver en retrospectiva y, según ello, agarrar “el toro por las astas”, tomando en cuenta lo bueno y lo malo de lo ya aprendido hasta ahora  y, de hoy en adelante, aprender a saber moldear nuestro propio sino, sino, de lo contrario será la COVID 19 la que nos moldee a su imagen y semejanza y, para cuando eso suceda, infelizmente, ya no podremos hacer nada frente a ello y, dígase de paso, para ese entonces, quizá ningún protocolo y/o manuales de bioseguridad sean lo suficientemente eficaces para combatir aquel otro virus, ese que está inherente en cada uno de nosotros, ese virus congénito de la ignorancia recalcitrante que, lamentablemente, cargamos y seguiremos cargando todos como sociedad, no sabemos hasta cuándo.

No hay duda alguna de que, antes de que empezáramos a convivir con el miedo de llegar a contraer este maldito virus, éramos peor de lo que somos ahora, mucho más irresolutos, torpes y egoístas, pero por, sobre todo, tan ingratos para con nuestro propio planeta y para con los demás seres con los que lo compartimos, quienes, dígase de paso, son los que menos la han pasado mal, ya que se pudo notar que, al menos durante esta etapa de cuarentena, nuestra fauna y flora han sido, en parte, las más beneficiadas, pudiendo expresar su naturaleza como tendría que ser siempre: libres del smog venenoso (el mismo  que, querramos o no, tenemos que respirarlo a diario), libres de esta coyuntura, pero más libres aún, de la gran indiferencia e irracionalidad con la que el hombre actúa muchas veces frente a esos seres que no tienen una voz para defenderse, y ese sí que será el virus al que nunca podremos derrotar, si es que no aprovechamos esta gran lección de vida que nos está tocando aprender a todos como humanidad,  en donde tenemos la gran oportunidad, ahora, de poder cultivar una virtud tan grande como lo es la empatía …Entonces, si realmente aprendimos la lección, sabremos ser mejores personas de lo que alguna vez fuimos.

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