Por Gustavo Benites Jara
Analista político y docente universitario
Alberto Fujimori fue un tirano terrorista y nadie, en su sano juicio, lo duda, como tampoco que la condena a 25 años de prisión efectiva fue insuficiente para reparar los crímenes que cometió. El peruano-japonés inscribe su nombre en la lista de los más odiados sátrapas de América Latina: Alfredo Stroessner, los Somoza (Tacho y Tachito), Rafael Trujillo, Fulgencio Batista, los Duvalier (Papa Doc y Baby Doc), Augusto Pinochet, Juan María Bordaberry, Jorge Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Raymundo Bignoni, entre otros despreciables carniceros del siglo XX.
Fujimori fue culpable mediato de horrendos crímenes, de una guerra sucia que produjo miles de torturados, muertos y desaparecidos, así como miles de mujeres violadas, mutiladas o esterilizadas. Si algunos de los tiranos señalados permitían y aprobaban espeluznantes métodos de tortura, como soltar ratas rabiosas en las vaginas de las detenidas o arrojar a sus opositores políticos a cocodrilos hambrientos, Fujimori aprobó los crímenes de los psicópatas asesinos del Grupo Colina, Martin Rivas y Sosa “Kerosene” (quien quemaba los cadáveres en cilindros) e incluso los felicitó y posteriormente los amnistió a través de un Congreso sumiso y cobarde.
Cuánta razón tenía el sabio griego Bías de Priene cuando al ser interrogado sobre los animales, dijo: «De los animales salvajes, el más feroz es el tirano, y de los animales domésticos, el más peligroso es el adulador». Perfecto retrato de Fujimori y de sus cortesanos que todavía pululan, entre los que se encuentran, en primer lugar, su propia hija, Keiko, seguida por Mario Vargas Llosa, Rafael López Aliaga, César Acuña, Hernando de Soto, Lourdes Flores Nano, Mauricio Mulder, Jorge del Castillo, Fernando Rospigliosi y otros piadores malignos como Beto Ortiz, Milagros Leiva y Cecilia Valenzuela.
El sangriento Fujimori concentró un poder absoluto durante los 10 años que gobernó. Y ese poder fue su condena. Nadie lo mató, como hubiera aconsejado santo Tomás de Aquino, pero nadie duda de su muerte histórica y política definitivas. Aquella paradigmática sentencia de los jueces San Martín, Príncipe y Prado, aparte de devolvernos un ápice de confianza en el Poder Judicial, demostró que no hay poder imposible de ser condenado ni altura de ser allanada. Por eso, con qué hondura y sabiduría resuenan hoy las palabras de Jesús, el Cristo: El que se ensalza será humillado…
El poder y la nada, Terrorista Fujimori, son las dos caras de Jano: ambas miran a lados opuestos, pero olvidan que pertenecen a un mismo ser, y esa es su tragedia: un rostro mira el poder, el otro mira la nada, y al final el poder y la nada son el mismo polvo, el mismo vacío.
Eso, tal vez, lo comprenderás en los años largos de tu muy justo cautiverio. Y quizá, aunque lo dudo, lo comprenderá tu hipócrita y soberbia hija, a quien le esperan 30 años de cárcel y de los cuales ya no podrá correrse más.
Entonces, el Perú entero bailará, jubiloso e incansable, la mítica Flor de Retama.

