Transportistas de Chao bajo fuego: cuatro asesinatos y un sector abandonado a la violencia

La escena fue brutal y simbólica. Chao amaneció nuevamente marcada por la sangre cuando Elmer Aguilera López, gerente general de la empresa Turismo Chao, fue asesinado a balazos en plena protesta contra la delincuencia. El dirigente exigía justicia por el crimen de un compañero del gremio cuando sicarios lo convirtieron en la siguiente víctima mortal. El mensaje fue directo: ni siquiera reclamar seguridad garantiza estar a salvo.

El asesinato ocurrió ante decenas de transportistas que bloqueaban la Panamericana Norte, a la altura del kilómetro 502, como medida desesperada frente a una ola criminal que ya no distingue horarios, espacios ni contextos. Aguilera fue trasladado de emergencia a un hospital de Chimbote, pero no resistió la gravedad de las heridas.

Horas después, la violencia escaló. Un artefacto explosivo fue detonado en el terminal de Turismo Chao, ubicado en las inmediaciones del Óvalo Grau, en Trujillo. El atentado ocurrió pocas horas después del asesinato del dirigente, reforzando la hipótesis de un ataque sistemático contra la empresa y el gremio transportista. El temor se apoderó de trabajadores y familiares, conscientes de que la violencia ya no es una amenaza abstracta, sino una presencia cotidiana.

Cuatro dirigentes asesinados: un patrón que se repite

La muerte de Elmer Aguilera no es un hecho aislado. Con su asesinato, ya son cuatro los dirigentes vinculados a Turismo Chao que han sido ejecutados en los últimos años. La lista es escalofriante: Hermes Zavala (2024), Eulalio Valverde (2025), Valerio Ángel Joaquín Agreda (2026) y ahora Aguilera López. Cada crimen ha quedado envuelto en la misma sensación de impunidad y abandono estatal.

Transportistas y vecinos denuncian que la provincia de Virú se ha convertido en una “tierra de nadie”, donde el sicariato y las extorsiones avanzan sin un freno efectivo. El sector transporte, especialmente el interprovincial y urbano, se ha transformado en uno de los blancos preferidos de las organizaciones criminales, que utilizan asesinatos selectivos y explosivos como mecanismos de control y amedrentamiento.

Protestar también mata

El crimen de Aguilera tiene un componente aún más grave: fue asesinado mientras protestaba contra la delincuencia. Es decir, reclamar seguridad se convirtió en un acto de alto riesgo. Según testigos, el dirigente recibió una llamada telefónica en medio de la manifestación, tras lo cual fue interceptado y atacado por un sujeto armado que huyó aprovechando el caos generado por los disparos.

La escena dejó a los manifestantes paralizados, entre la indignación y el miedo. La protesta se transformó en duelo y rabia. Tras el asesinato, el bloqueo de la Panamericana Norte se intensificó, con decenas de vehículos varados y un mensaje claro hacia el Estado: la violencia ya desbordó cualquier contención local.

Un sector expuesto y sin respuestas

Los transportistas aseguran que viven bajo amenazas constantes, cobros ilegales y vigilancia criminal. La detonación del explosivo en el terminal de Turismo Chao, horas después del asesinato de su gerente, fue interpretada como una advertencia directa: el control no se negocia, se impone.

Pese a los anuncios de operativos y patrullajes, la percepción en Chao y Virú es que las medidas llegan tarde o resultan insuficientes. La violencia no solo ha cobrado vidas, sino que ha paralizado rutas, afectado economías familiares y sembrado miedo en una actividad clave para la conectividad regional.

Una crisis que exige respuestas inmediatas

El caso de Turismo Chao revela con crudeza la vulnerabilidad extrema del transporte frente al crimen organizado en La Libertad. Cuatro dirigentes asesinados, un gerente ejecutado en plena protesta y un terminal atacado con explosivos configuran un escenario de emergencia real, no declarada en documentos, pero vivida a diario en las calles.

Mientras las protestas continúan y la Panamericana sigue bloqueada por tramos, la pregunta que resuena entre transportistas y ciudadanos es una sola: ¿cuántas muertes más serán necesarias para que el Estado recupere el control del territorio? En Chao, hoy, exigir seguridad cuesta la vida.

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Causa Justa

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