Carta a los «amiguis» que voy perdiendo en esta campaña electoral

Por César Peña

Psicólogo

Sí. Las dos opciones son muy preocupantes tanto por la precariedad de un candidato y la insania delincuencial de la otra. Y estamos inmersos en una crisis económica y sanitaria global con la pandemia que tiene para rato (pese a las vacunas).

Alemania fue devastada en la segunda guerra “mundial” y el Perú de entonces se situaba en una mucha mejor condición que dicho país. Hoy, Alemania, sigue siendo potencia, y nosotros aún relegados con pésimos indicadores de desarrollo.

¿Por qué? si tenemos una inmensa riqueza material y cultural, envidiable. Raymondi dijo “el Perú es un mendigo sentado en banco de oro”, máxima sobre la que debemos reflexionar porque, estando próximos al Bicentenario, los peruanos no somos dueños de lo que nos debería pertenecer.

Para no extendernos en la historia (tarea siempre pendiente), es necesario buscar respuestas a esta inquietud: ¿Qué es lo que, actualmente, se interpone entre “nuestro banco de oro” y nosotros?

Hay, por lo menos, tres barreras que actúan con perversa sinergia:

1° La «trafa» legal del Estado peruano. El andamiaje jurídico sobrepone el utilitarismo corporativo a las necesidades de la población. Éste, fomenta el saqueo de nuestros recursos, la contaminación impune y la explotación de los trabajadores (ej. los contratos-Ley) atando de manos y pies la labor reguladora del Estado, incluso a su potencial rol empresarial (téngase presente precios de medicamentos, oxígeno o atención privada en pleno estado de emergencia). El sistema electoral permite situaciones descabelladas: Ej., una familia (Acuña) hace pocos años tenía a cinco de sus miembros entre congresistas y presidente regional cuando, en el mismo lapso, no había un solo representante de todos los pueblos juntos de nuestra Amazonía, el último bastión de biodiversidad del planeta (¡!!!).

2° La cultura de la corrupción en todos los niveles del Estado. Desde el PNP que coimea o el médico que se escapa del hospital para atender consultas privadas hasta los “cuellos blancos” que resuelven exculpando a los más peligrosos criminales porque les “rompen la mano” con mucho billete. O el ya citado sistema electoral que permite que los delincuentes puedan postular a los cargos públicos de la más alta jerarquía decisional porque muchos aceptaron el suicida e indigno lema del “roba, pero hace obra”. Y ahora, con orgullo “patriótico” sostienen: “me olvido de la corrupción porque hay que defender el modelo”. ¿En qué otro lugar del mundo se puede aceptar semejante afrenta?

3° La precariedad de nuestro sistema educativo y su paradigma instrumentalista. Huérfana de ética, no forma ciudadanos, sino que se orienta a egresar empleados o “emprendedores” que con el solo poder de su pensamiento positivo “logran” que “el universo conspire a su favor” … La escasa inversión al desarrollo del factor humano conlleva, por ejemplo, a una ausencia de la ciencia en las decisiones estratégicas del Estado. Éstas, la deciden bribones y bandoleros de la política y del mal llamado sector empresarial, que no saben dónde están parados, pero si muy prestos a ejercer el poder para beneficio propio. El confort de sus familias reposa en este tipo de prácticas. Y las heredan. Por eso defienden el modelo de la corrupción con “con uñas y dientes”.

El tema es mucho más complejo y discutible. Obvio que sí. Sin embargo, estas son algunos de los ejes que considero prioritarios visibilizar y comprender porque no podemos seguir defendiendo una democracia “trucha” que defiende estos determinantes.

Regresando al ahora, la realidad nos condiciona a elegir entre dos opciones. Una la descarto de inicio porque me es inconcebible tener de Presidente a una persona acusada de ser cabeza de una organización criminal. Esto significaría un daño moral irreparable que demandará décadas para recuperarnos. Ni imaginar las atrocidades que ocurriría en un narcoestado. Espero nunca seas víctima de ello. Si eres de los crédulos en arrepentimientos actorales, debes conocer que la psicopatía, no tiene cura. Ésta, se refleja en una serie de hechos que para el caso de la señora K, son de público conocimiento, desde los 90´s hasta su bochornosa venganza política de apenas un par de años, con las consecuencias nefastas para el país que ahora dice defender. Sólo refresca tu memoria. En el aspecto formal, la fiscalía ha pedido 30 años de prisión por sus delitos.

A diferencia del daño económico que representaría -si es que gana las elecciones- el candidato del lápiz, el cual sería corregible con una gestión eficiente (los defensores del modelo sostienen que todo pasa por una buena gestión). Además, su gobierno no tendría el consenso político ni el apoyo militar para implementar su cojeante plan de gobierno que a muchos despistados les asusta porque, incapacitados de discernimiento, se “tragan” cada sonsera que les provoca miedo y duda infundadas. Lo que habría, sería, por el contrario, una oportunidad para mejorarlo.

A quienes replican la monserga “odio, terruco, chavista, comunista”, propio de quienes bucean en la vileza y que, en lugar de avergonzarse de su condición intelectual-moral, atacan sin tener idea remota del significado de las palabras que vomitan, no ameritan respuesta alguna. No se lo merecen.

Esta campaña electoral ha servido como un test de ética, con alta sensibilidad y especificidad, para identificar y depurar personajes del círculo de amigüis porque significan un peligro para el poco humanismo que, como sociedad, nos queda. Y si eres de los que por sus propias razones/condiciones de vida andan tan ocupados como para ilustrarse un poquitico siquiera, te pido: “deja de seguir haciendo el papelón”. Es comprensible que defiendas tus intereses, todos hacemos ello, pero por decoro, no expongas tu vergonzosa ignorancia. Es fétida.

No, yo no soy comunista. ¿Sabes por qué? Porque ello exige mucho tiempo para el estudio de la realidad social por el que nadie te paga, casi nadie -siquiera- te comprende y, peor aún, se es insultado por los iletrados. Implica una capacidad de renunciamiento al beneficio personal que no cualquiera asumiría y que, en tu condición, no estás capacitado para comprender. Para poder contrapesar una postura alterna al bien común que plantean los comunistas, me falta aún ilustrarme mucho. ¡Imagina tu caso! Yo, apenas soy un pequeño burgués que actúo de acuerdo a mi brújula ética, la misma que constantemente vigilo y replanteo. Cuando no me es posible actuar de acuerdo a ella, no me flagelo como cierto personaje. Eso sí, mi ética no es esa baratija de “la blanca y pulcra neutralidad”. Yo, como verás, fijo postura. Y siempre te voy a respetar si es que eres de los que tiene una posición fundamentada, aún en la otra orilla.

Pero, si desde tu orfandad de civismo, te quejas de los indeseables resultados electorales, por lo menos, pregúntate ¿Qué haces para que las cosas no sean así?, o ¿por qué no ejerces tu rol comunitario y esperas que otros lo hagan por ti? – ¡Qué!, ¿te falta el tiempo porque estás muy ocupado en tus quehaceres? Entonces, ¿Qué modelo de libertad y democracia estás defendiendo que te priva de este rol tan fundamental?

Aprende a mirarte al espejo antes de repetir términos que no sabes lo que significan, antes de condenar a un candidato que no sabe multiplicar (cuando te encuentre, te haré una pregunta muy básica de nivel escolar o de tu profesión -así seas científico, ingeniero o “empresario”- y te demostraré que estás igual o peor que ese “burro profesor” al que desprecias) y antes de defender a una cabeza del crimen organizado. ¡No te pases!

Después del 06.06.21, mucho habrá cambiado y, a la vez, nada habrá cambiado. No es difícil predecir que -gane quien gane- las convulsiones sociales persistirán mientras los problemas estructurales (que, como ejemplo, se evidencian en nefastos índices de mortalidad por Covid y de crisis económica, gracias al modelo que defiendes) se mantengan. Y si aún, el nuevo gobierno apostase por un cambio de fondo, ese camino será pedregoso.

¿Para qué marcaré el lápiz? Tengo una razón estratégica: su candidato se ha comprometido de inicio y como eje de campaña, a la convocatoria de una Asamblea Constituyente. ¿Para qué? Pues, para discutir una nueva visión de país y elaborar una nueva Constitución que curse hacia ese norte. ¿“Manyas”? En pleno siglo XXI, con tanto avance científico y tecnológico, es imperativo erradicar los inaceptables niveles de corrupción, pobreza extrema y supremacismo. ¿Cómo? Eso hay que discutirlo. ¿Quiénes? todos los estamentos del Estado: organizaciones de base, colegios profesionales, gremios sindicales y empresariales, organizaciones políticas, representantes de minorías, etc., es decir, toda la pluralidad de representantes de país megadiverso como el nuestro. Y la Asamblea Constituyente posibilitará esa oportunidad. ¿Puede haber algo más democrático que ello? Y desde ya, por mi parte, como miles de compatriotas, seré critico activo del próximo gobierno, si es que persiste en las injusticias, robos y farsas o si traiciona sus compromisos de campaña. Y tú, deberías hacer lo propio, ¿te parece?

PD: Independientemente del balance del “debate presidencial” que será en pocas horas, mi opción es firme. Hay que estar extraviado como para llegar a una semana de elecciones y esperar “sorpresas” y aclaraciones. Y que alguien “demuestre”, sólo con su verbo y lo que aguante el papel, lo que hará, que no hizo cuando pudo o que, peor aún, hizo lo contrario. ¡Ya pues, no hagas alarde de candidez!

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