El líder de Alianza para el Progreso (APP) y precandidato presidencial, César Acuña Peralta, ha introducido un nuevo componente en su discurso político de cara a las Elecciones Generales 2026: la apelación directa a una supuesta voluntad divina que, según afirma, respaldaría su llegada a la Presidencia de la República. El cambio de narrativa marca un giro significativo en la estrategia del fundador de APP, quien durante años sostuvo su aspiración presidencial sobre la base de su experiencia como empresario, exalcalde y exgobernador regional.
Durante un reciente mitin partidario, Acuña expresó con convicción que su destino político ya estaría definido. “Ya sé que voy a ser presidente. ¿Saben por qué? Porque Dios es justo y lo justo es que Dios va a iluminar a los peruanos”, afirmó ante sus simpatizantes. La frase, pronunciada en tono seguro y celebrada por parte del público, no pasó desapercibida y rápidamente generó reacciones en distintos sectores del escenario político y mediático.
El discurso representa un cambio respecto a la línea que Acuña había sostenido en campañas anteriores, centradas principalmente en su trayectoria de gestión, su rol como creador de universidades privadas y su experiencia al frente del Gobierno Regional de La Libertad. Ahora, el líder de APP introduce un mensaje con connotaciones religiosas, sugiriendo que su eventual elección no solo dependería del voto ciudadano, sino también de una suerte de designio superior.
Analistas políticos consideran que este giro místico responde a un contexto de fuerte desencanto ciudadano con la clase política tradicional. En un país marcado por la crisis de representación, la corrupción y la desconfianza institucional, el uso de discursos religiosos ha sido una herramienta recurrente para conectar emocionalmente con sectores del electorado que buscan certezas, esperanza o figuras que se presenten como “elegidas” para conducir el país.
Sin embargo, esta estrategia no está exenta de cuestionamientos. Diversas voces advierten que la utilización de referencias religiosas en un proceso electoral puede generar tensiones en un Estado que se define constitucionalmente como laico. Además, se cuestiona si este tipo de mensajes desplaza el debate de fondo sobre propuestas de gobierno, políticas públicas y soluciones concretas a los problemas estructurales del país.
Desde APP no se ha emitido, hasta el momento, un pronunciamiento oficial que precise si este enfoque será una línea permanente de la campaña o una expresión aislada en el marco de un mitin. No obstante, lo dicho por Acuña se suma a otros mensajes que, en el pasado, ya habían generado controversia por su tono triunfalista y por presentar su candidatura como inevitable.
El uso de elementos simbólicos, religiosos o providenciales no es nuevo en la política peruana ni latinoamericana. En distintos procesos electorales, líderes han apelado a la fe como recurso retórico para legitimar su liderazgo o reforzar su conexión con el electorado. En el caso de César Acuña, el paso de un discurso tecnocrático-empresarial a uno con tintes místicos podría marcar una nueva etapa en su estrategia rumbo al 2026.
Mientras tanto, el escenario electoral empieza a configurarse con mayor claridad, y las declaraciones del líder de APP abren un debate más amplio sobre los límites entre fe, política y democracia, así como sobre el tipo de liderazgo que buscan los peruanos en un contexto de crisis e incertidumbre.

