Una ráfaga de disparos en plena madrugada volvió a sacudir la tranquilidad del distrito de San Pedro de Lloc, en la provincia de Pacasmayo. Eran las 12:05 a. m. del 26 de julio cuando un grupo de desconocidos atacó a balazos un inmueble ubicado en la Mz. K Lote 8 del asentamiento humano Mazanca. La fachada metálica de la casa y la tienda de abarrotes que funciona en su interior quedaron marcadas con seis impactos de bala, un mensaje claro en el lenguaje del crimen: amenaza por extorsión.
El ataque no dejó heridos, pero sí un profundo temor en la familia afectada y en toda la comunidad. La Policía Nacional del Perú llegó minutos después de haber sido alertada por una llamada telefónica. Al inspeccionar la zona, confirmaron tres impactos en la puerta metálica del inmueble y otros tres en una de las ventanas.
Y.D.N., denunciante y propietaria del negocio afectado, recibió a los agentes visiblemente alterada. Según relató, su hermano, J.A.D.N., viene siendo víctima de amenazas extorsivas por parte de delincuentes que ya lo habrían advertido previamente. Ella no dudó en vincular el ataque armado con esas intimidaciones que han escalado peligrosamente.
La situación fue comunicada inmediatamente al representante del Ministerio Público y a la unidad especializada Depincri Pacasmayo, que se encuentra a cargo de las diligencias de investigación. A esta hora, el caso ha sido calificado como presunto delito de extorsión agravada.
San Pedro de Lloc se suma así a la ya extensa lista de distritos de La Libertad donde la violencia criminal ha encontrado nuevos espacios para operar. Lo alarmante no solo es la frecuencia de estos actos, sino su modalidad: ataques armados directos como mecanismo de presión contra familias, comerciantes y empresarios locales. Las rondas de vigilancia comunitaria han quedado desbordadas ante la falta de patrullaje constante. El miedo se palpa en cada esquina, mientras muchas víctimas prefieren el silencio antes que hacer una denuncia que podría costarles la vida.

