El Perú despide a uno de sus más grandes creadores. El maestro Gerardo Chávez, pintor, escultor, gestor y símbolo vivo de la cultura trujillana y nacional, ha fallecido dejando una huella inmortal en la historia del arte peruano contemporáneo. Su partida no solo marca el fin de una era, sino también el inicio de su leyenda. Su deceso lo dio a conocer su hijo a través de su cuenta de Instagram.
Nacido en Trujillo en 1937, Chávez fue mucho más que un artista plástico. Fue un puente entre la tradición andina, el barroco norteño y las vanguardias europeas. Un hombre que supo estar a la altura del arte internacional sin despegar jamás sus pies del suelo peruano. Un visionario que no se conformó con exponer en museos, sino que construyó museos para su pueblo.

ENTRE LA MEMORIA Y LA MODERNIDAD
Desde joven, Gerardo Chávez demostró una sensibilidad poco común. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú, donde fue discípulo de Sabino Springett y tuvo como referente al maestro Sérvulo Gutiérrez. Pero su verdadera transformación llegó cuando viajó a Europa, en la década de 1960, donde se empapó del arte contemporáneo, el surrealismo y las corrientes abstractas.
París, Bruselas, Florencia: en cada ciudad Chávez absorbía el espíritu de los grandes creadores, pero sin perder su raíz. En lugar de imitar, reinterpretó. A su regreso al Perú, inició una obra profunda, simbólica y de estilo inconfundible, donde conviven la máscara, el ritual, el carnaval, lo mítico, lo religioso y lo fantástico.

EL UNIVERSO CHÁVEZ
La obra de Gerardo Chávez es vasta y multidisciplinaria. Pintura, escultura, ensamblajes, grabado, instalación: cada soporte fue para él una excusa para explorar lo humano. Su estilo, fácilmente identificable, conjuga elementos del subconsciente, la cosmovisión andina, las criaturas híbridas, los rostros velados, los cuerpos fragmentados y un uso del color profundamente expresivo.

Entre sus obras más reconocidas están «El guardián», “La procesión de la papa”, “La creación del nuevo hombre”, “Estrella del amanecer”, “El último ídolo”, “Mama”, así como la emblemática serie de máscaras y procesiones, donde resuenan ecos de los pueblos andinos y de las festividades populares del norte del Perú.
Su arte ha sido expuesto en Alemania, Francia, Japón, Italia, Estados Unidos, Colombia y Bélgica, entre otros países, y forma parte de colecciones públicas y privadas de gran prestigio.
GRAN GESTOR CULTURAL
Pero si su obra fue inmensa, su aporte como gestor cultural fue revolucionario. Gerardo Chávez fundó y promovió el Museo de Arte Moderno de Trujillo, el Museo del Juguete, la Bienal Internacional de Arte de Trujillo, y fue director de la Asociación Cultural Gerardo Chávez.
Gracias a su impulso, Trujillo dejó de ser una ciudad periférica para convertirse en un centro cultural activo y respetado, especialmente en el ámbito de las artes visuales. Chávez no esperó a que el Estado haga algo por la cultura: él lo hizo.

RECONOCIMIENTOS EN VIDA
A lo largo de su carrera, recibió importantes premios y distinciones. Fue condecorado con la Orden del Sol del Perú, la Medalla de Honor del Congreso, y fue declarado Hijo Ilustre de Trujillo. En 2022, fue distinguido como Personalidad Meritoria de la Cultura por el Ministerio de Cultura del Perú. Cada galardón fue un reconocimiento a una vida consagrada al arte y al país.
Gerardo Chávez muere, pero no se va. Permanece en sus cuadros, en los espacios que fundó, en la identidad de Trujillo, en la memoria visual del Perú. Su legado trasciende generaciones, corrientes y modas. Es parte de ese reducido grupo de artistas que no solo crearon obras, sino que crearon país. Hoy Trujillo lo llora. Pero también (se espera) que lo honre.

