La Libertad: periodista de Kamila TV asesinado en Pacasmayo recibió amenazas desde un penal seis meses antes

El asesinato del periodista y director del portal Kamila TV–Guadalupe, Fernando Núñez Guevara, ha sacudido nuevamente al gremio periodístico y a toda la región La Libertad. Núñez, quien fue acribillado el sábado 5 de diciembre en un tramo de la carretera Panamericana Norte, había advertido hace seis meses que recibió amenazas telefónicas provenientes —presuntamente— de un penal. Ese dato, revelado ahora por un colega cercano, podría convertirse en un eje crucial de la investigación.

La familia del comunicador exige que el caso no sea investigado en Pacasmayo, sino trasladado a Trujillo, para evitar interferencias locales y garantizar que no quede impune. “Queremos justicia y que el crimen se aclare. No queremos que esto quede archivado”, fue el pedido sostenido por los familiares durante el velorio, donde vecinos, colegas y amigos despidieron al periodista en medio de escenas de dolor e indignación.


Una advertencia previa: “Me llamaron de noche… me dijeron que bajara el tono”

El periodista Edgar Pizarro, amigo cercano de Fernando Núñez durante más de dos décadas de trabajo en el valle Jequetepeque, reveló en entrevista con el programa Ponte Al Día (Sol TV) un dato que hasta ahora no se había hecho público: el comunicador asesinado estaba preocupado y le había contado que había sido amenazado desde un penal.

“Lo noté preocupado. Le pregunté qué pasaba, si era un tema familiar. Y me dijo que había recibido una llamada en horas de la noche. Una llamada que presuntamente provenía de un penal, donde lo habían advertido para que baje la manera como dirigía su espacio”, relató Pizarro.

Núñez no quiso entrar en detalles. Nunca le especificó si la amenaza estaba relacionada con su labor periodística o con su actividad musical y comercial, pues el periodista también realizaba transmisiones y coberturas para orquestas y eventos.

Sea cual fuera el origen, la advertencia era clara: “que bajara el tono”, un mensaje que hoy adquiere un significado estremecedor.


Una zona marcada por riesgos y silencios

Los periodistas que cubren el valle Jequetepeque conocen muy bien los peligros de su oficio. Edgar Pizarro lo dijo sin rodeos: “Siempre conversábamos sobre cuidarnos. A veces se hace tarde, retornamos de noche en moto lineal… y ese es un peligro latente”.

Pacasmayo, Jequetepeque, San Pedro de Lloc, Chepén, Guadalupe: todos forman un corredor donde la extorsión, el sicariato y las mafias ligadas al cobro de cupos se han vuelto problemas estructurales. El crimen organizado, enquistado en diferentes actividades económicas, ha convertido a esta parte del norte peruano en una zona de riesgo para autoridades, comerciantes y ahora, para los periodistas locales que se atreven a incomodar intereses.

El asesinato de Fernando Núñez se enmarca en ese clima de violencia creciente. El periodista se movilizaba constantemente para cubrir denuncias ciudadanas, transmisiones en vivo y actividades locales. Sus familiares sostienen que nunca expresó temor públicamente, pero sí comentaba que “algo raro estaba pasando”.


Exigen investigación imparcial: que el caso pase a Trujillo

Los deudos han sido explícitos: no quieren que el caso se investigue en Pacasmayo. Argumentan que la provincia está atravesada por redes de poder y contactos que podrían entorpecer las indagaciones.

“Queremos que esto se vea en Trujillo, donde no haya presiones ni interferencias”, dijeron a la prensa.

Hasta el cierre de este reportaje, no hay información oficial sobre el traslado de la carpeta fiscal. Sin embargo, el antecedente de las amenazas que Fernando Núñez habría recibido desde un penal agrava el contexto del crimen y obliga a las autoridades a una investigación rigurosa y transparente.

Organizaciones de prensa y libertad de expresión se han sumado al pedido de justicia, recordando que el Perú enfrenta una preocupante escalada de agresiones contra periodistas locales, especialmente en regiones con presencia de redes criminales.


Un adiós que duele: el periodista que recorría el valle en moto

“Fernando cubrió el valle por más de veinte años”, recordó Pizarro. Era común verlo desplazarse en moto lineal por Pacasmayo, Guadalupe, San Pedro de Lloc o Jequetepeque, siempre con su cámara y su celular listos para transmitir.

Quienes lo conocían destacan que era un hombre cercano a la población, con un estilo directo y espontáneo frente a la cámara, y que fue construyendo audiencia a través de la denuncia social y el acompañamiento a casos comunitarios.

Su muerte ha causado conmoción justamente por eso: era un comunicador profundamente arraigado en su comunidad. Su partida deja un vacío que hoy se llena de dolor, temor, pero también de un clamor claro: que su crimen no quede sin resolver.


Un caso que podría marcar un antes y un después

El asesinato de Fernando Núñez no es un hecho aislado: ocurre en un contexto donde el crimen organizado intenta intimidar, silenciar y controlar territorios enteros en el norte peruano. Las amenazas desde penales, reveladas por su amigo, abren un nuevo capítulo que la Fiscalía y la PNP deben investigar con máxima rigurosidad.

El periodismo regional, muchas veces ejercido en soledad y sin protección institucional, queda nuevamente expuesto. Y la pregunta que muchos se hacen hoy es: ¿cuántos periodistas más deben caer para que el Estado implemente un sistema de protección real?

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Causa Justa

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