Minería informal: la tragedia que roza a Cajamarca y amenaza con repetirse en La Libertad

Lo ocurrido el 10 de enero en San Ignacio, Cajamarca, no fue un accidente aislado ni un hecho fortuito. Fue una advertencia. El derrumbe que sepultó a cuatro trabajadores en un yacimiento informal a cielo abierto —y que por azar no terminó en una tragedia mortal— es una fotografía nítida de lo que ocurre cuando la minería informal avanza sin control, sin técnica y sin Estado. Es, además, un espejo incómodo de lo que ya sucede en La Libertad y de lo que puede repetirse en cualquier momento.

Las imágenes del colapso muestran una ladera inestable, sin banqueo, sin drenaje, sin protocolos básicos de seguridad. Toneladas de tierra se deslizaron sobre los mineros mientras extraían material, en una escena marcada por la improvisación: palas, gritos, una excavadora usada como herramienta de rescate. Esta vez, la suerte jugó a favor. En diciembre de 2025, en Chota, no ocurrió lo mismo: un derrumbe similar mató a un padre y a su hijo. La diferencia entre la vida y la muerte fue mínima.


UNA ECONOMÍA DE RIESGO PERMANENTE

San Ignacio y Jaén se han convertido en corredores de minería informal donde el oro se extrae a costa de la vida humana y del entorno natural. El uso de dragas y químicos en ríos como el Chinchipe, Canchis y Las Juntas ha dejado una huella de contaminación que compromete agua, salud pública y biodiversidad. La minería informal no solo devora cerros: también erosiona el tejido social.

Ronderos, líderes religiosos y organizaciones locales han advertido que estas zonas atraen economías delictivas asociadas al contrabando, el lavado de activos y la violencia. La frontera con Ecuador añade una capa más de complejidad: rutas clandestinas, insumos químicos sin control y disputas armadas por vetas auríferas.

Pese a ello, el mensaje político fue otro. A fines del año pasado, el Congreso aprobó la ampliación del REINFO, una decisión que, en la práctica, ha funcionado como un salvavidas legal para miles de operadores informales e ilegales. El resultado es previsible: más explotación, más riesgo, más muertes invisibles.


LA LIBERTAD: EL MISMO MODELO, MAYOR ESCALA

Si Cajamarca es una alarma, La Libertad es un polvorín. En provincias como Pataz, la minería ilegal e informal no solo genera accidentes por derrumbes, sino que está directamente vinculada al crimen organizado, el uso de explosivos, enfrentamientos armados y asesinatos selectivos. A diferencia de San Ignacio, donde predominan yacimientos a cielo abierto y dragado, en La Libertad el riesgo se multiplica en bocaminas y socavones, espacios cerrados, inestables y saturados de gases.

Las condiciones que provocaron el colapso en Cajamarca —inestabilidad de taludes, lluvias intensas, ausencia de supervisión técnica— también están presentes en La Libertad. La diferencia es que aquí el escenario incluye dinamita, mafias, control territorial y un historial reciente de muertos que rara vez ingresan a estadísticas oficiales.

Un derrumbe como el de San Ignacio no es una posibilidad remota en La Libertad: es una probabilidad latente.


OPERATIVOS QUE NO ROMPEN EL CICLO

La Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (FEMA) de San Ignacio ha intensificado acciones desde septiembre de 2025. Incautaciones de maquinaria, volquetes y químicos muestran una respuesta institucional más firme. Sin embargo, el patrón se repite: se decomisa, se paraliza, se retiran las autoridades… y al poco tiempo la actividad retorna.

Este mismo ciclo se observa en La Libertad. Operativos que destruyen bocaminas y campamentos, seguidos de reapariciones casi inmediatas. La minería informal funciona como una hidra: corta una cabeza y aparecen dos más, mientras exista un marco legal ambiguo y una rentabilidad que supera cualquier sanción.


MUERTES QUE NO SIEMPRE CUENTAN

La tragedia evitada en San Ignacio se suma a una cadena de accidentes que rara vez tienen registro completo. La clandestinidad impide cifras claras. Muchos cuerpos no llegan a hospitales ni morgues; desaparecen bajo tierra o son retirados sin notificación. En La Libertad, esta opacidad se agrava por el control armado de zonas mineras.

Las causas se repiten: geología frágil, lluvias, excavaciones sin técnica, ambición sin límites. En Cajamarca, los riesgos están en los taludes saturados. En La Libertad, en los socavones mal apuntalados y la manipulación indiscriminada de explosivos. El resultado es el mismo: vidas expuestas a una ruleta rusa diaria.


UNA ADVERTENCIA QUE NO SE QUIERE ESCUCHAR

Lo ocurrido en Cajamarca no es una excepción, es un aviso. La pregunta ya no es si ocurrirá una tragedia en La Libertad similar o peor, sino cuándo. Mientras la minería informal siga siendo tolerada bajo figuras transitorias como el REINFO, mientras no se ataque la cadena económica del oro ilegal y mientras las intervenciones sigan siendo esporádicas, los derrumbes, las muertes y la contaminación seguirán marcando la agenda.

San Ignacio mostró el rostro del peligro. La Libertad ya conoce el suyo. Ignorarlo es aceptar que la próxima tragedia es solo cuestión de tiempo.

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Causa Justa

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