Por Hernán Flores
Tomado de: Studio 96
Viajar para contar historias de los pueblos es más que fascinante, aún más, después de ocho meses de encierro obligado por la pandemia de la Covid-19. Las ganas de respirar nuevos aires y vivir nuevas experiencias es incontenible, qué mejor el ambiente puro emanado de plantaciones de duraznos y manzanos, frutos emblemáticos de una de las legendaria exhaciendas liberteñas.

Este escribidor es un viajero empedernido que llevaba muchos años pendiente de conocer el pintoresco pueblo de Parrapós, uno de los 23 caseríos del distrito de Sinsicap, en la provincia de Otuzco, situado a 3 horas de Trujillo. Sabíamos de su fama, tradición, bondades y su potencial, pero no imaginabamos su dimensión.
CAMINO A NUESTRO DESTINO
Una flamante camioneta 4×4, color rojo, acondicionada para zonas rurales, chofer bonachón y extrovertido, buena música y mejor compañía, fueron las condiciones perfectas para convertir un domingo en una experiencia vivencial envidiable. Este recorrido es una gentil invitación de la Asociación de Parraposinos Residentes en Trujillo.

La implementación requerida: una libreta, lapicero, cámara, buena vibra y listo.Son las 6 de la mañana, el chofer advierte que ha llegado la hora de partir desde Trujillo. Se encamina por la vía de evitamiento hacia la sierra liberteña. Ingresa por el cruce de Simbal hacia la cuenca del río del mismo nombre, se recorren varios kilómetros por el cauce de un río antes de empezar a subir. Tras recorrer por una carretera empinada y dejar atrás los primeros campos de cultivo de aspecto amarillento llegamos a nuestra primera parada, el sector ‘Los Corrales.

Eran las 8:15 de la mañana y allí nos esperaba la familia Bacilio Sandoval, quienes se habían preparado con anticipación para ofrecer un exquisito caldo de gallina, al puro estilo parraposino, para atender a la comitiva. Los platos se sirven humeantes, preparados en leña, a fuego lento y despide un singular aroma andino.La amabilidad y calor humano de don Antonio Bacilio y su esposa Santos Sandoval era impresionante, ambos ocupan una sencilla vivienda de madera, diseñada por su hijo, un ingeniero que vive en Chile, de quien se sienten orgullosos y aseguran que tiene grandes proyectos para desarrollar en su querido pueblo.
Allí nos topamos con el primer atisbo de política. A bordo de una camioneta blanca llega Eduardo Azabache, candidato al congreso por Alianza para el Progreso (APP), quien no podía ocultar su interés por ganar votos. Fueron 40 minutos de alimentación que terminó con una lluvia de agradecimiento a los oferentes y la comitiva partió. Don Antonio nos acompañó hasta la carretera principal, allí cerro la tranquera de madera y levantó la mano para despedir a sus ocasionales visitantes.Exactamente a las 9:20, los vehículos ingresan al pueblo y se oye una banda músicos, pero no precisamente para recibir a los invitados, sino para celebrar un matrimonio adventista. Parrapós ha visto debilitada la religión católica, la mejor evidencia está en el abandono de su antiguo templo construido en la época de hacienda. Sus imágenes, su edificación y su historia de fe está deteriorada.
HISTORIA Y TRADICIÓN
Nuestro anfitrión Guillermo Fabián Villacorta es médico veterinario y asesor técnico del Gobierno Regional, quien se esmera, porque los visitantes conozcan sus tradiciones y costumbres, así como su enorme potencial agrícola por desarrollar, similar aspiración tiene el presidente de la Asociación de Parraposinos Residentes en Trujillo, Oder Fabián Sacramento, quienes invitaron al también presidente del directorio de Sedalib, Eduardo Azabache, para comprometerlo en la solución del problema de las redes de alcantarillado, las mismas que se encuentran dañadas desde hace varios años.Ambos dirigentes explican con devoción el pasaje de la historia que le dio fama a su tierra natal: la producción de manzana, una singular variedad traída por los hacendados de la región italiana de Leguria.
El esplendor que alcanzó este pueblo se extiende, aproximadamente, desde 1940 hasta 1980, año en que una plaga empezó a diezmar la producción hasta casi desaparecerla. Aún existen patrones (plantas antiquísimas) sobrevivientes, son muy escazas, se cuidan como reliquias y son el orgullo de los parraposinos.Pero no cabe duda que este pueblo está bendecido por Dios, si bien la producción de manzana aún no se recupera, acaba de surgir la fiebre de otra fruta bandera, que se acondiciona muy bien a la tierra y el clima del lugar. Ahora producen Durazno de la variedad ‘Huayco’, un fruto exquisito y de muy buena calidad. Pues su tamaño, color, textura y dulzura lo ha convertido en preferido del mercado nacional.
MEDIODÍA EN PARRAPÓS
Su plaza principal, en cuya pérgola se levanta un loro andino, está literalmente solitaria. Se disfruta del ambiente saludable, de esa pasividad y tranquilidad que llena el alma, lejos del bullicio de la ciudad y el estrés que aún mantiene atemorizado y en zozobra al mundo entero por la Covid-19.En este escenario, los anfitriones no dejaron pasar por alto la visita del también exdirector nacional de Turismo Eduardo Azabache, a quien – en una breve reunión – le hicieron conocer la desconfianza que tienen en los políticos y las vivencias desagradables que han tenido con ellos. “Estamos casados de ofrecimientos incumplidos”, dice con efusividad Segundo Arrelucea.Pero, Eduardo no tiene el perfil del político tradicional, es decir, la picardía, demagogia y mentira a flor de labios. No les ofreció resolver todos los problemas del pueblo ni de sus habitantes, tampoco les llevó regalos ni repartió abrazos fingidos. Los escuchó e hizo planteamientos. Ante la diversidad de requerimientos de los pobladores les sugirió organizarse y viajar a Trujillo para guiarlos en sus gestiones. Así termina la reunión y es hora de partir por una nueva carretera para visitar Llaguén y Celavín, donde – en plena pandemia- se desarrolla un campeonato de fútbol y se concentran centenares de personas. Allí cerramos la jornada, donde todos disfrutan desinhibidos. Es increíble.

HASTA PRONTO
Allá se queda parrapós con su potencial frutícola, con sus necesidades insatisfechas, vigilados por los imponentes: ‘Cerro Langarote’ poblado de plantas medicinales y el ‘Aragoche’ con sus valiosos restos arqueológicos por descubrir y estudiar, sus extensas áreas de cultivos de durazno que esperan ayuda gubernamental para incrementar su producción y mejorar la calidad de vida de los agricultores.Ahí están sus pobladores tranquilos, con el alma llena de bondad y amor al prójimo. Don Julio César Ruíz Ramos y su esposa Nely Carbajal siguen dándole batalla al trabajo diario y nos dan muestras de su calidad humana. Los parraposinos siguen distraídos en el tiempo y confiados que la pandemia de la Covid-19 es para las ciudades y sus habitantes. “Nosotros no usamos mascarilla, porque no la necesitamos”, dice cada poblador que conmueve su expresión. Quedan muchas experiencias que contar y muchos lugares que recorrer por este pueblo encantador. Hasta luego.
221 vez compartidoMe gustaComentarCompartir

