Trujillo: 1 de cada 5 panaderos es víctima de extorsión, revela gremio panadero

La violencia del crimen organizado ha alcanzado incluso al sector más tradicional y cotidiano de la economía trujillana: la panadería. Según reveló Saúl Pérez Cortez, presidente de la Asociación de Panaderos de Trujillo (Aspan), aproximadamente el 20% de los panaderos formales de la provincia ha sido víctima de extorsión por parte de bandas delictivas que operan en La Libertad.

“El tema de inseguridad aún en el Perú azota por todos los sectores. Hay extorsionados, se pagan cupos. No todos lo dicen por miedo, pero yo como vocero del sector lo tengo que expresar”, declaró Pérez.

La declaración no solo pone en evidencia el avance del crimen organizado hacia sectores históricamente alejados de estos delitos, sino también el temor y la vulnerabilidad en la que viven decenas de pequeños empresarios, muchos de ellos con negocios familiares o microempresas de años de esfuerzo.

Aspan agrupa actualmente a más de 40 panaderos en Trujillo. De ellos, entre seis y ocho han recibido amenazas o han tenido que pagar cupos a delincuentes para continuar trabajando sin que sus negocios sean atacados.

En los últimos años, las mafias de extorsión han diversificado sus víctimas. Ya no solo apuntan a grandes empresarios, transportistas o comerciantes de mercados mayoristas, sino también a sectores como la educación, salud, construcción y ahora, el rubro alimenticio.

El modus operandi sigue un patrón: una llamada o carta amenazante, la exigencia de un monto de dinero (el llamado “cupo”) y la amenaza de violencia o detonación si no se cumple. La mayoría de víctimas opta por no denunciar por miedo a represalias, lo que complica la labor de la Policía y fomenta la impunidad.

Otro problema revelado por Saúl Pérez es la alta informalidad del sector panadero en Trujillo, que bordea entre el 25% y 30%. Esto significa que, además de estar expuestos a la delincuencia, decenas de panaderos no cuentan con respaldo legal, sanitario o tributario, y enfrentan mayores barreras para crecer y acceder a beneficios sociales o de seguridad.

Sin embargo, Pérez mostró optimismo respecto a la reciente aprobación de la Ley N.º 32347, que declara el 13 de junio como el Día Nacional del Pan Peruano. Según el dirigente, esta norma permitirá fortalecer la identidad del sector y alentar la formalización de más panaderías.

“Hay beneficios, no solamente hay castigos. También hay compromisos. Esta ley puede ser el punto de partida para que más panaderos se formalicen y accedan a programas del Estado”, señaló.

El hecho de que panaderos, símbolo del esfuerzo diario y el alimento básico del país, sean hoy blanco del crimen organizado, demuestra que la inseguridad ciudadana en Trujillo no solo no ha sido contenida, sino que se está expandiendo de forma horizontal y silenciosa.

Con más de 1,100 extorsiones registradas en cinco meses en la provincia y 98 ataques con explosivos según cifras oficiales, la situación evidencia una falla estructural en la protLa violencia del crimen organizado ha alcanzado incluso al sector más tradicional y cotidiano de la economía trujillana: la panadería. Según reveló Saúl Pérez Cortez, presidente de la Asociación de Panaderos de Trujillo (Aspan), aproximadamente el 20% de los panaderos formales de la provincia ha sido víctima de extorsión por parte de bandas delictivas que operan en La Libertad.

“El tema de inseguridad aún en el Perú azota por todos los sectores. Hay extorsionados, se pagan cupos. No todos lo dicen por miedo, pero yo como vocero del sector lo tengo que expresar”, declaró Pérez.

La declaración no solo pone en evidencia el avance del crimen organizado hacia sectores históricamente alejados de estos delitos, sino también el temor y la vulnerabilidad en la que viven decenas de pequeños empresarios, muchos de ellos con negocios familiares o microempresas de años de esfuerzo.

Aspan agrupa actualmente a más de 40 panaderos en Trujillo. De ellos, entre seis y ocho han recibido amenazas o han tenido que pagar cupos a delincuentes para continuar trabajando sin que sus negocios sean atacados.

En los últimos años, las mafias de extorsión han diversificado sus víctimas. Ya no solo apuntan a grandes empresarios, transportistas o comerciantes de mercados mayoristas, sino también a sectores como la educación, salud, construcción y ahora, el rubro alimenticio.

El modus operandi sigue un patrón: una llamada o carta amenazante, la exigencia de un monto de dinero (el llamado “cupo”) y la amenaza de violencia o detonación si no se cumple. La mayoría de víctimas opta por no denunciar por miedo a represalias, lo que complica la labor de la Policía y fomenta la impunidad.

Otro problema revelado por Saúl Pérez es la alta informalidad del sector panadero en Trujillo, que bordea entre el 25% y 30%. Esto significa que, además de estar expuestos a la delincuencia, decenas de panaderos no cuentan con respaldo legal, sanitario o tributario, y enfrentan mayores barreras para crecer y acceder a beneficios sociales o de seguridad.

Sin embargo, Pérez mostró optimismo respecto a la reciente aprobación de la Ley N.º 32347, que declara el 13 de junio como el Día Nacional del Pan Peruano. Según el dirigente, esta norma permitirá fortalecer la identidad del sector y alentar la formalización de más panaderías.

“Hay beneficios, no solamente hay castigos. También hay compromisos. Esta ley puede ser el punto de partida para que más panaderos se formalicen y accedan a programas del Estado”, señaló.

El hecho de que panaderos, símbolo del esfuerzo diario y el alimento básico del país, sean hoy blanco del crimen organizado, demuestra que la inseguridad ciudadana en Trujillo no solo no ha sido contenida, sino que se está expandiendo de forma horizontal y silenciosa.

Con más de 1,100 extorsiones registradas en cinco meses en la provincia y 98 ataques con explosivos según cifras oficiales, la situación evidencia una falla estructural en la protección ciudadana. Y mientras se espera la implementación de estrategias de seguridad más efectivas, los panaderos continúan amasando bajo amenaza.ección ciudadana. Y mientras se espera la implementación de estrategias de seguridad más efectivas, los panaderos continúan amasando bajo amenaza.

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