Trujillo bajo amenaza: aparecen stickers de “Los Pulpos” en colegio José Carlos Mariátegui de El Porvenir

La delincuencia organizada vuelve a cruzar una línea peligrosa en la provincia de Trujillo. Esta vez, el escenario no fue un mercado ni un negocio, sino una institución educativa. La tarde del último martes, stickers atribuidos a la organización criminal Los Pulpos aparecieron pegados en el portón del Colegio José Carlos Mariátegui, ubicado en el distrito de El Porvenir.

El hecho encendió de inmediato las alarmas entre padres de familia, docentes y personal administrativo, quienes temen que el colegio esté siendo marcado como parte de una posible extorsión, una práctica recurrente de estas bandas para advertir que exigen el pago de dinero a cambio de “seguridad”.

El miedo llega a las aulas

En Trujillo, la aparición de stickers con símbolos o nombres de organizaciones criminales no es un hecho aislado. Por el contrario, se ha convertido en una señal de intimidación utilizada por redes delictivas para anunciar su presencia y presionar a sus víctimas. Que esta práctica se traslade ahora a un colegio eleva el nivel de gravedad del problema.

“Esto no es solo un acto vandálico, es una amenaza directa. Aquí estudian niños y adolescentes”, expresó un padre de familia, quien pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias. La preocupación se extiende a la posibilidad de que la institución sea usada como mensaje de poder territorial, una estrategia que las bandas criminales emplean para demostrar control en zonas específicas.

Silencio institucional y exigencia ciudadana

Los directivos del plantel han optado por no brindar declaraciones públicas, mientras se evalúan las medidas internas de seguridad. Sin embargo, trascendió que el caso ya fue puesto en conocimiento de la Policía Nacional del Perú, que inició las diligencias correspondientes para identificar a los responsables y determinar si existe una amenaza concreta de extorsión.

Padres de familia exigen que la investigación no se limite al retiro de los stickers, sino que se profundice en quién los colocó, con qué objetivo y si existen comunicaciones previas o posteriores dirigidas al colegio. “No queremos esperar a que ocurra algo peor”, señalaron.

Extorsión: un patrón que se repite

Especialistas en seguridad advierten que la colocación de estos stickers suele ser la fase inicial de un esquema extorsivo. Primero aparece la marca; luego, llamadas, mensajes o visitas intimidatorias. En muchos casos, las víctimas guardan silencio por miedo, lo que permite que las organizaciones consoliden su control.

El distrito de El Porvenir, históricamente golpeado por la criminalidad, se encuentra nuevamente en el centro del debate sobre la capacidad de respuesta del Estado frente al avance del crimen organizado, especialmente cuando este apunta a espacios sensibles como los centros educativos.

La seguridad de los estudiantes en juego

El caso del colegio José Carlos Mariátegui no es un hecho menor ni aislado. Representa una señal de alerta sobre hasta dónde están dispuestas a llegar las organizaciones criminales y pone en cuestión las estrategias de prevención y protección en zonas vulnerables de Trujillo.

Mientras la investigación policial continúa, la comunidad educativa exige presencia permanente de la PNP, patrullaje preventivo y una respuesta clara de las autoridades locales y regionales. La educación no puede convertirse en un nuevo campo de intimidación criminal.

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Causa Justa

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