ASPIRANTES A LA PALESTRA… ¿VOTO O ANTIVOTO?

Por Silvia Zamora

causajusta.pe@gmail.com

Estando ya a un par de días de las elecciones, muchos de nuestros compatriotas aún no se sienten muy convencidos por alguno o, valga decir, por ninguno de nuestros dieciocho candidatos que tenemos en nuestra actual palestra política, ya sea por la falta de información, o porque simplemente no han logrado calar en el sentir de la mayoría de peruanos, ya sea valiéndose de ciertos artilugios tan usados en política; como el carisma, la empatía, el populismo y todo aquello que les pueda generar alguna especie de atisbo para poder posicionarse en las encuestas. Pero ni aun así, ya que, al ser tantos candidatos, dichos porcentajes se ven bastante disgregados, lo cual, nos lleva a pensar que la gente ya no tiene ánimos de votar por convicción, todo lo contrario, es más grande el pavor de tener que pagar la multa que la intención de elegir a alguno de ellos.

Tenemos, por un lado, al controversial candidato por Renovación Popular (antes Solidaridad Nacional) Rafael López Aliaga, quien, si bien es cierto, registra un buen currículum y un muy portentoso poder económico que lo respalda, el cual, tal como él mismo manifiesta, es fruto de su incansable trabajo y de su nivel de visionario que lo han llevado a ser el gran empresario que es hoy por hoy en la actualidad, a la vez, un candidato polémico no sólo por sus declaraciones, tajantes y a la vez contradictorias, respecto al matrimonio gay pero, a la par, también manifiesta que no está entre sus prioridades tener descendencia alguna; lo cual no hace más que generar, en la mente de la mayoría de nosotros, un gran signo de interrogación. Y, por otro lado, tenemos al también controversial Julio Guzmán, candidato por el Partido Morado, quien, en las últimas semanas, ha venido de debate en debate con el candidato anteriormente mencionado, lanzándose mutuamente una gran cantidad de puyas, de esas que ya nos tienen acostumbrados en esta etapa ad-portas de los comicios.

Luego tenemos al joven y quizá no tan ducho en lo que concierne a una carrera política, propiamente dicha, el carismático exalcalde del distrito de La Victoria, George Forsyth. Nacido en Caracas (Venezuela) según la información que consigna en su hoja de vida presentada ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Si bien, en su momento, desempeñó una buena gestión como alcalde de su distrito, muchos opinan que no cuenta con la expertise suficiente para poder llevar sobre sus hombros el cargo de presidente de la República y que, más bien, la única cancha donde mejor se podría desempeñar es donde habría un balón de fútbol en medio de once jugadores…

Lo mismo se dice del candidato por Alianza Para el Progreso, César Acuña, quien por más que tiene varios años en la política, primero como congresista, luego como alcalde de Trujillo y finalmente como presidente regional de La Libertad; pese a su “experiencia” es la polémica la que, de alguna manera, ha ensombrecido su carrera política; primero por el supuesto plagio de su tesis sustentada ante la Universidad Complutense de Madrid, luego por el descuadre en cuanto a la totalidad de sus bienes presentado ante el JNE y, ahora hace poco, como para ponerle la cereza al pastel, con el lanzamiento del libro del periodista Christopher Acosta, titulado: “Plata como cancha”, claramente Acuña ha quedado más vapuleado de lo que siempre estuvo, frente los ojos de todo un pueblo cada vez más sumido en la ignorancia.

En el otro extremo del ring, se encuentra Hernando de Soto, quien pese a su amplia y reconocida trayectoria como gran ensayista y economista, reconocido a nivel mundial, de todos modos, ante los ojos del peruano de a pie la imagen que nos da es la de un hombre, no sólo de aspecto cansino y de ideas desfasadas, sino que además, no es novedad para todos nosotros el hecho de que haya vivido más afuera que aquí mismo en su propia patria, entonces nos preguntamos: ¿Alguien que no conoce al 100% la realidad de su propia tierra, podría conducir de manera eficaz el timón presidencial?

En tanto, en el otro extremo está Keiko Fujimori, quien siempre tiene como caballito de batalla a su padre, quien fuere en su momento el artífice y quien lograra desterrar al terrorismo allá por los años 90, el ex presidente Alberto Fujimori. Ésta vendría a ser la tercera vez que aspira al sillón presidencial, casi de manera similar que la recordada Lourdes Flores Nano y, al parecer, todo indicaría presagiar que correría con la misma suerte de esta última. Es innegable el anti-fujimorismo que existe en nuestro país, y es que es imposible que, tan siquiera, intentemos borrar de nuestras memorias aquellos “Vladivideos”, los mismos que empañaron lo poco o mucho que pudo haber hecho “El Chino” en su megalómano y tremendamente corrupto gobierno, aquel que llevó de la mano con Vladimiro Montesinos, ese mismo gobierno, al cual, la mayoría de nosotros estoy segura no querríamos regresar jamás.

Si bien es cierto, son tantos los candidatos y, a la vez, son tan poco contundentes las propuestas que nos han venido dando hasta ahora. Estamos sumergidos en medio de lo que se supone viene a ser la ultra derecha recalcitrante y la izquierda languideciente y vetusta, ambos bandos que no hacen más que llenarnos de temor a lo que vendrá o lo que no vendrá. Lo que sí es una gran certeza es que, gane quien gane, el gran perdedor seguirá siendo finalmente el pueblo que, como siempre y casi de manera pueril, una vez más, creerá en las palabras de un candidato que, como ya sabemos, siempre terminará velando por sus propios intereses, más no por los intereses de un infeliz pueblo que, estoy casi segura, volverá a ser defraudado una vez más… Y, en todo caso, será la historia la que nos demuestre lo contrario.

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