Por Joyce Castro

Acaba de entrar en circulación «Toda distancia es exilio», la nueva colección de poemas de Augusto Rubio Acosta, autor de varios libros, entre ellos «La peste que te habita», diarios de escritor publicado en Lima durante la etapa más compleja de la pandemia de la Covid-19. A propósito de su permanente quehacer poético y de la realidad que actualmente experimenta el sector cultura, conversamos brevemente con él y estas son sus impresiones:

¿Por qué escribir y publicar poesía, Augusto, en esta época tan caracterizada por otro tipo de inquietudes?

Porque en los tiempos que vivimos existe la urgencia de poner en escena la palabra, el lenguaje, los sentimientos; la verdadera, contundente y crítica realidad del mundo poético y cultural que es invisible a casi todos, pero que existe, interactúa y reflexiona permanentemente con lo que acontece en todos los niveles de la vida. Como autor, me confronto cada día respecto al alma colectiva de las gentes de mi tiempo, me pregunto acerca de la violencia del lenguaje y de cómo escribiendo podría llegar a lo inaudible, a lo invisible y contradictorio de la experiencia humana en esta época tan compleja y cambiante que me ha tocado vivir.

¿Por qué la distancia es un exilio?, ¿qué contiene esta nueva entrega poética de limitado tiraje y edición artesanal?

Son poemas que reflexionan sobre un tiempo marcado por el vacío, el dolor y la perplejidad de los seres humanos; sobre el concepto de caducidad de los sentimientos, de las emociones, de casi todo. Hay un viaje a las urdimbres de la soledad, el dolor y la muerte. Son poemas que rememoran el desasimiento, la agonía; en sus líneas se comprueba la clamorosa falta de respuestas frente al destino social e individual de las personas; aparece la patria, el ser amado, las heridas y suturas, el lado oscuro de nuestra existencia.

Hay poemas que trasuntan una apabullante incertidumbre como «Malabrigo» y «Morning view»; textos que transpiran nostalgia como «Epifanía» y «Hoy caminamos»; pero también hay otros que son el rostro del miedo, el diálogo frontal y sin máscaras del poeta con la muerte. ¿De dónde surge todo esto, Augusto; de qué te nutres, cómo llegas a escribir lo que escribes?

No sé de dónde viene todo esto ni por qué se produce lo que se produce en mí, la poesía es un misterio siempre. Sólo sé que me alimento de la observación constante, de lo que escucho en todas partes y eso actúa como detonante; por supuesto que también de lo que leo, de lo que me hiere e ilusiona, de la vida que tengo, de la contemplación infinita. Ha sido muy duro escribir estos textos; no todos, sin embargo, están provistos de desasosiego e incertidumbre. Hay algunos como «Just like heaven», por ejemplo, donde aflora un marcado erotismo; o el caso de «Pequeña noticia de mis sueños», quizá el poema más tierno, entrañable y esperanzador, pero a la vez oscuro, que haya podido escribir.

¿Qué hacer respecto a la crisis de la lectura?, ¿cómo cambiará el país si sus ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, generalmente no leen ni sienten lo que viven?

No es regla general, pero no sé por qué las nuevas generaciones aparentemente no sienten la necesidad de profundizar en los aspectos más trascendentes de sus propias vidas; sobre todo de lo que ocurre en su comunidad y en el país. No comprendo a cabalidad, por ejemplo, por qué no hay interés en sintetizar la imaginación y la realidad a través de la palabra escrita. Son muy escasos los jóvenes que hoy en día luchan por arrebatarle la palabra a los más viejos; y los que lo intentan generalmente lo hacen sin sólidos argumentos, guiados por espíritus sectarios y a veces violentos. Hay excepciones, por supuesto. Tampoco alcanzo entender por qué una abrumadora mayoría de jóvenes considera prescindible el estudio de las humanidades y se refugia en un tecnicismo y utilitarismo espantoso que socava una coexistencia social civilizada, así como la formación de personas conscientes y afectivamente responsables. La pérdida de la cultura humanística es la ruina del ser humano.

¿Toda distancia es un exilio?

El latinismo exilio implica arrancar a una persona de su patria, de la tierra en que habita. Hay también quienes experimentan exilios interiores tras la muerte de un ser querido, tras una herida mortal, una enfermedad, tras la sombra que aparece como una pesada carga con la que hay que intentar coexistir. El espacio o intervalo de lugar o de tiempo que media entre esta clase de hechos es trascendente y decisivo para explicar el destino.