El fenómeno Bad Bunny: marketing contra sistema/Por Alfredo Alegría

POR ALFREDO ALEGRÍA

El fenómeno Bad Bunny exige explicarse luego del triunfo en el Super Bowl. Ha hecho del reggaetón un arma de resiliencia para los hispanos, especialmente en los actuales Estados Unidos. ¿Cómo explicar esta forma “musical” de arte urbano, para muchos “antiestética”? ¿Por qué esa locura popular? Locura que también se da ante ídolos del deporte, como Messi o Alcaraz. Aunque el caso Bad Bunny se sale del esquema. ¿Cómo fascina con esa extraña voz? ¿Bad Bunny ha logrado que él y sus canciones se tornen símbolos con los que un público hispano se encuentra a sí mismo? Como la pasión que provocaba Chacalón: cuando él cantaba, se decía “los cerros bajan”.

Según Aristóteles, “el placer de contemplar lo perfecto supera lo desagradable”. Sin embargo, no existe lo perfecto en las letras de Bad Bunny. Se tacha su música de «desagradable» o «vulgar». ¿Tiene un nivel estético? ¿Y por qué no? Lo estético no exige la belleza: es una correalidad forjada por la percepción interiorizada que un espectador u oyente hace de un objeto. ¿Por qué se aceptan las distorsiones de Jean Michel Basquiat, los desnudos grotescos de Lucien Freud, o el “realismo sucio” literario? Más bien, las letras de Bad Bunny son una especie de grafitis cantados.

La presentación del Super Bowl tuvo una estética estilizada, coreografías y escenarios singulares: espacios, acciones y símbolos de identidad hispana. Director y coreógrafos hispanos con el tema de Puerto Rico. 300 extras como cañas de azúcar y palmeras. Otros, con el típico sombrero de paja de la isla. Una casa típica. Ricky Martin cantó “Lo que le pasó a Hawaii”. Asimismo, Bad Bunny se refirió al desplazamiento de las personas en la propia isla: “Quieren el barrio mío y que mi abuela se vaya”. Homenajes a Daddy Yankee y Tego Calderón. Escenarios del “pequeño Puerto Rico”, del Bronx neoyorkino, con nombres como el de Héctor Lavoe. La canción contracultural “Nueva Yol” y, de pronto, una voz como la de Trump se disculpó con los inmigrantes.

Los temas urbanos, el amor sexualizado; el lenguaje roto; los textos sobre la marginación, se fusionaron en un espectáculo de declaración política de resistencia. Hubo hasta un matrimonio auténtico. Como estocada final, Bad Bunny culminó diciendo “Dios bendiga a las Américas”, acompañado de las banderas de todo el continente, retando al imperio. Si bien se dio un momento de caos, esto se consideró similar al estado de frenesí provocado por el estilo del director de teatro Richard Schechner, de los 60. Lo del Super Bowl fue una especie de catarsis del público hispano. Un ataque frontal al actual y cuasi autocrático sistema sociopolítico del actual EEUU, donde el estado de derecho está amenazado.

El espectáculo del Super Bowl ha obligado a la sociedad “culta” a mirar y discutir lo que antes despreciaba, si bien muchos sectores lo han atacado por el hecho político. Sin embargo, el espectáculo del Super Bowl generó una total emoción. Un despliegue de poder y estética enfrentando a las circunstancias actuales en Estados Unidos. La discusión moral o el gusto personal pasaron a un segundo plano. El público se ha identificado aún más al sentir que “su” tipo de expresión puede sobrevivir, atacar y triunfar.

De hecho, Bad Bunny es una creación del mercado. El espectáculo del Super Bowl fue un trabajo de «marketing contracultural». Maquiavelo decía que “el príncipe”, con sus millones, debe evitar ser odiado y, si es posible, debe conseguir ser amado por el pueblo. Bad Bunny -que cobra en millones- es una especie de “príncipe urbano” para los inmigrantes y marginados hispanos. Los representa. De ahí, la protesta de Trump y el rechazo de políticos y medios conservadores. Es que fue un ataque directo al sistema tradicional, en el espacio de espectáculo que se suponía expresaba el dominio del poder. Carol G bailó y la icónica Lady Gaga -que llevaba la flor nacional de Puerto Rico y vestida de azul celeste, uno de los colores de la bandera portorriqueña original de 1895- cantó y bailó una de sus propias canciones, pero en ritmo de salsa.

Presentar personajes icónicos hispanos y símbolos de la calle en el Super Bowl, fue una total maniobra de ataque. El espectáculo enfrentó al imperio con sus propias armas: dinero, imagen y tecnología. Un marketing político inverso al del político tradicional. El artista contracultural demuestra que el sistema puede atacarse desde dentro. Ver y escuchar en el Super Bowl a este «príncipe millonario» cantando en español, en un contexto de defensa de la identidad y verdad humana del grupo hispano, generó una emoción especial. Sintieron el placer de ver la jerarquía invertida. Esto ha chocado a quienes dominan y a los que todavía les creen.

Este marketing contracultural dio al público hispano, la ilusión de que su cultura está viva; viva como forma urbana, por lo tanto “suya”. En un E.E.U.U donde hoy el marketing político es tan explícitamente cínico, la estética de este artista impacta. El político en el poder en E.E.U.U, ordena y manipula. Bad Bunny, como «príncipe» contracultural, se expone en canciones que pueden resultar desagradables para tantos, pero hay que reconocer que, a ojos de los seguidores del cantante, se convierten en un símbolo de independencia moral.

Bad Bunny rechazó que conviertan a Puerto Rico en un estado más de E.E.U.U, como pretenden ¿Puede Bad Bunny y el marketing contracultural del Super Bowl y los que vendrán ser temidos por el sistema tradicional? Con este singular artista, el público hispano en los Estados Unidos ha reafirmado su identidad y siente que “No nos han destruido, no podrán hacerlo”. ¿Qué vendrá después? Por lo pronto, el Super Bowl de Bad Bunny ha sido una cachetada a un sistema perverso.

Bad Bunny bailando con Lady Gaga- Super Bowl

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