Por Jair Alvarado Espinoza

Coordinador de la Escuela de Negocios Internacionales – UCV Trujillo

La política es determinante en el presente y futuro de un país, y es en la Constitución Política donde los ciudadanos podemos conocer nuestros deberes y derechos, que son la base para el desarrollo del Perú; pero hemos visto vulnerados estos derechos, entre ellos, la libertad de expresión y el libre tránsito en nuestro territorio. Por eso, debemos entender la gravedad de las acciones cometidas en su verdadera dimensión; para ello, quiero hacer referencia a un hecho de la Biblia.

En el libro de Hechos 22:22-29, se menciona un acontecimiento muy particular que ilustra la importancia de ser ciudadano: el apóstol Pablo predicaba el evangelio, pero como sus palabras resultaban incómodas para quienes lo oían, estos querían coactar su libertad de expresión y pidieron a un centurión romano que lo encarcelara y azotara. Mientras era detenido, Pablo preguntó:

“¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?”.

Esta pregunta cobra vigencia hoy más que nunca, cuando en nuestro país vemos que un grupo de personas de las denominadas rondas campesinas secuestra a periodistas, roba sus equipos de trabajo y los obliga a leer un pronunciamiento con la finalidad de dar un mensaje positivo de las rondas y del Gobierno, cuando ya existe una investigación fiscal por posibles actos de corrupción vinculados a este régimen y al entorno presidencial.

Pero donde podemos ver la trascendencia de este relato bíblico es cuando el centurión, atemorizado por la confesión de Pablo, da aviso al tribuno, a quien le reitera su condición de ciudadano romano de nacimiento. Este comenta la importancia de ser un ciudadano y, con el temor de que trascienda la falta cometida con el apóstol, al haber vulnerado sus derechos de libre tránsito y libertad de expresión, ordena su liberación.

Hace dos mil años, un tribuno sentía temor por haber detenido a un ciudadano; en nuestro país, vemos total impunidad, las autoridades no explican su accionar ante los actos cometidos, porque es justamente el Gobierno el que está sujeto a investigación. El primer ministro halaga la labor de las rondas campesinas formadas por el pueblo (grupo de personas) y menoscaba el accionar de la Policía y las Fuerzas Armadas, vigilantes de la Constitución Política de los ciudadanos (personas con deberes y derechos).      

Es justamente del derecho romano que hemos heredado las bases legales que ejerce nuestro Poder Judicial, bases que permitieron a este imperio desarrollarse y que ahora nosotros como país buscamos. Queremos ver reflejado ese progreso en la salud, educación y economía, indicadores de la calidad de vida de la población; por eso, debemos reflexionar sobre cómo se ven los países desarrollados y cómo nos vemos nosotros, si es como ciudadanos o simplemente como pueblo.