Por Rosa Benites Goicochea
Gestora cultural
¡Que oportuno, en pandemia, aprobar la Política Nacional de Cultura para el Perú! Eso se dijo, con mucho entusiasmo, cuando, en junio del año pasado, vía Decreto Supremo, se estableció las políticas que regirá la cultura en el Perú y que se constituye como un documento orientador en la materia. Sin embargo, este comentario no es más que una de las tantas muestras de años de desinterés en el tema, de inacción y de la invisibilización del sector por parte de quienes son los responsables de trabajar por su reforzamiento y ponerla al alcance de la población, pues se tuvo que esperar la aparición del coronavirus para atender este sector.
La desatención se traduce en el desconocimiento sobre un campo que involucra, además de la revitalización de nuestras tradiciones, identidad y memoria, el desarrollo de nuestra economía. En el documento “22 Indicadores de la Cultura para el Desarrollo en Perú”, desarrollado por el Ministerio de Cultura y UNESCO (2015), se menciona al respecto lo siguiente: “El aporte de la cultura a la economía nacional de Perú es una cifra apreciable ya que la contribución de las actividades culturales (privadas y formales, sin incluir gobierno) alcanza el 1.58% del PIB nacional. En breve, esto significa el doble de las actividades de pesca y acuicultura, bordeando incluso a las actividades de electricidad, agua y gas…”, este, y otros indicadores puntuales nos sirven para afirmar que, sin la promoción y fortalecimiento de este sector, no es posible las mejoras y avances como sociedad.
En plena emergencia sanitaria COVID 19, la Organización Mundial de la Salud elaboró un informe que demuestra con evidencia científica la relación del arte con la mejora en el bienestar emocional de las personas, muestra indicadores y enfatiza en cómo las prácticas culturales y artísticas inciden positivamente en los niveles de salud de la población e insta a las autoridades a trabajar en estos aspectos, así como a considerar al sector como relevante, especialmente en esta etapa de crisis; hecho que a la fecha lamentamos que en muchos de los niveles de gobierno esto no se considere necesario y como uno de los componentes decisivos para el desarrollo de las comunidades.
Bajo esta realidad y tomando, además, como una oportunidad para levantar el sector, un numeroso grupo de artistas y gestores culturales hemos conformado la plataforma inter gremial, Coordinadora Cultural de Trujillo (CCT), que es un espacio articulador de siete gremios artístico – culturales de nuestra ciudad y cuyos objetivos principales son el impulsar nuestra agremiación, promover el fortalecimiento de nuestras capacidades y establecer espacios de diálogo con autoridades y especialistas en políticas culturales para reflexionar y proponer acciones en el contexto de la actual emergencia sanitaria. Estos gremios son, la danza, las artes plásticas y visuales, el teatro, del libro y la lectura, el cine y el audiovisual, la música y la gestión cultural.
Esta experiencia, inédita en esta parte del país, nos permite continuar con la consolidación de los gremios artísticos, realizar de forma colaborativa el levantamiento de data e información relevante para conocer la situación del artista en nuestra ciudad, región y país, y visibilizar nuestro sector. La tarea había estado pendiente. La proponemos conscientes, además, de nuestra responsabilidad ciudadana. Consideramos que tener y generar espacios donde el arte y a cultura estén presentes nos ayudarán, en esta época de crisis, a sanar heridas y conectar emocionalmente con otros. El rol que cumplen los artistas y las organizaciones culturales, que tienen una acción territorial y un trabajo comunitario, es la de generar espacios de contención y de vínculos comunitarios para resistir esta crisis, que es una de las tareas más gratificantes en la actual situación.

