El acceso al agua potable en La Libertad vuelve a quedar en el centro del debate. La empresa prestadora Sedalib mantiene niveles críticos de servicio, con apenas 11 horas de suministro diario en promedio y sin avances significativos desde 2024, según un reciente análisis basado en indicadores de la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass).
El problema no es nuevo, pero sí persistente. En una región donde la demanda crece junto con la población, el servicio no solo no mejora, sino que evidencia retrocesos que impactan directamente en la calidad de vida de miles de familias.

Un servicio que no alcanza: solo 11 horas de agua al día
De acuerdo con el reporte 2025 de Sunass, Sedalib abastece actualmente al 84.3% de los hogares en La Libertad. Sin embargo, el dato más crítico es la continuidad: el servicio de agua potable solo está disponible, en promedio, durante 11 horas al día.
Este nivel de suministro está por debajo de otras empresas prestadoras de tamaño similar como Sedapar o EPS Tacna, que logran garantizar el acceso durante la mayor parte de la jornada.

Estancamiento desde 2024: sin mejoras reales
Las cifras comparativas muestran que la situación no ha cambiado. En cobertura, el incremento fue apenas de 0.14% respecto al 2024, mientras que en continuidad se registró incluso un retroceso de 0.12%.
Aunque Sedalib subió un puesto en el ranking nacional, este avance no responde a mejoras propias, sino a la incorporación de otra EPS con indicadores más bajos en la medición.
¿Por qué no mejora el servicio de agua en La Libertad?
Especialistas advierten que el problema va más allá de la infraestructura. Carlos León, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), señala que es clave fortalecer la capacidad técnica de las empresas prestadoras y mejorar la gestión del recurso hídrico.
Según el experto, se requiere una mayor articulación entre los distintos niveles de gobierno, así como un rol más activo de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) para garantizar una gestión eficiente.
Impacto directo en la población
La falta de continuidad obliga a miles de familias a almacenar agua en condiciones no seguras. Esto incrementa el riesgo de contaminación y enfermedades, especialmente en sectores vulnerables.
El retroceso también es evidente en el acceso continuo. Mientras que en 2019 el 27% de los hogares contaba con agua las 24 horas del día, en 2024 esa cifra cayó al 19%.
Agua y pobreza: una relación directa
El problema del agua no es solo sanitario, también es económico. Diversos estudios señalan que mejorar el acceso a agua potable puede reducir la pobreza extrema en cerca de dos puntos porcentuales.
Cuando el servicio es deficiente, las familias deben asumir costos adicionales en salud, almacenamiento o incluso compra de agua, lo que impacta directamente en su economía.
¿Qué soluciones se plantean?
El principal reto está en cerrar las brechas de acceso y mejorar la calidad del servicio. Para ello, los especialistas coinciden en que no basta con aumentar el presupuesto, sino que es necesario optimizar su gestión y priorizar las zonas con mayor necesidad.
Análisis: una deuda estructural
El caso de Sedalib refleja una problemática estructural en el sistema de saneamiento del país. A pesar de los años y las inversiones anunciadas, el servicio sigue sin responder a las necesidades de la población.
La falta de continuidad en el agua potable no solo limita el desarrollo, sino que perpetúa desigualdades en una región que sigue creciendo sin servicios básicos garantizados.
El acceso al agua no debería ser un privilegio ni un servicio intermitente. Sin embargo, en La Libertad sigue siendo una deuda pendiente.
Mientras no se implementen cambios reales en la gestión y planificación del recurso, miles de familias continuarán viviendo con un servicio que no alcanza ni para cubrir lo básico.

