José Antezana: crisis económica puede incrementar inseguridad ciudadana

Por José Antezana Soto

Especialista en seguridad

La actual crisis política y social que estamos viviendo, luego de dos vacancias presidenciales por la corrupción casi generalizada de la clase política, más el deterioro de la imagen y principio de autoridad de la Policía Nacional, que incluso a falta de protocolos integrales no interviene o no puede controlar adecuadamente la salud sanitaria de los peruanos infractores a las normas y leyes, así como también se constató la falta de experiencia para afrontar este tipo de acciones por parte de miembros de las FFAA, en este caso de la Marina, que no sabían qué hacer ante hechos suscitados en las peleas con la Policía, sumada nuestra recesión económica traducida en la pérdida de trabajo de casi un millón de peruanos solo en Lima, que se han visto obligados a ser parte  del grupo numeroso de la informalidad para poder sobrevivir, originó entre otros un nuevo caldo de cultivo para incrementar a pasos agigantados la inseguridad ciudadana, extorsión  y crimen organizado que vienen enlutando a muchas familias.

¿Qué hacer ante esta realidad en la que, incluso, los comités de seguridad ciudadana en su mayoría están inactivos y no hay un trabajo integral articulado, debilitando a los operadores de seguridad ciudadana en la lucha contra este flagelo social?

Como ciudadanía, y teniendo en cuenta la coyuntura actual, donde la generación del Bicentenario nos demostró que unidos podemos hacer muchas cosas, dejemos de ser indiferentes, críticos, para pasar a los hechos, bajo al único techo protector que nos queda: cultura de prevención.

Es necesario fortalecer eso, no solo con apoyo de esta nueva juventud vigorizada con su lucha social ganada, a sangre y fuego, sino, además, integrando las Juntas Vecinales y Urbanas, con organización y participación de todos los integrantes de una calle, de una manzana, de un barrio, de una urbanización o de un territorio vecinal. Asimismo, urge recuperar nuestra salud mental, generando actitud de cambio, para implementar estrategias preventivas innovadoras.

Eso implica, por ejemplo, colocar letreros, baner de advertencia, cierre de puertas vehiculares, alarmas acondicionadas a las cámaras de seguridad, cultura del silbato (ante un peligro o hecho delictivo tocar silbato todos desde sus ventanas, casas), convenios con empresas de seguridad privadas, simulacros con apoyo de la Policía, entre otros.

No estoy diciendo enfrentar a los delincuentes armados, pues eso no es lo adecuado, sino que ellos tengan la sensación de que estamos organizados, que no vamos a permitir y no pueden ingresar fácilmente a nuestra zona o territorio vecinal a cometer sus fechorías, sino que están siendo monitoreados y vigilados por cincuenta o cien ojos y si amerita el caso la sanción física con un yanaruna látigo (vecino con máscara negra y látigo) de tanto éxito en nuestro Perú profundo con las rondas campesinas, no hay otra. Estamos totalmente desamparados, muchos no estarán de acuerdo, pero hemos llegado a este punto, o son ellos o somos nosotros, escojan ustedes el bien o el mal y que Dios nos ilumine para cuidar el presente y futuro de la seguridad y paz de nuestras  familias.

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